Un mismo objetivo
Walter Turnbull
...no éramos enemigos, éramos hombres con
diferentes puntos de vista buscando con sinceridad un mismo objetivo, el
bien y la verdad.
Corría
el mes de febrero de 1979. Primera visita de Juan Pablo II a México, de
feliz memoria, y reunión de la III Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano, en Puebla.
Eran
tiempos conflictivos para la Iglesia. En el mundo estaba de moda el
marxismo y en Latinoamérica estaba de moda la opresión de los pobres por
parte de los ricos y los gobiernos (algunas modas nunca cambian). Muchos
dentro de la Iglesia contemplaban la posibilidad de adoptar estrategias
del marxismo-leninismo para la búsqueda de justicia. Era la “teología de
la liberación”. Iba desde una sincera preocupación por atender más la
pobreza y las desigualdades sociales, hasta una franca intención de
emprender la lucha armada y poner la Iglesia al servicio del imperialismo
soviético. Tenían la ilusión de que un nuevo Papa rompería con la
tradición y daría un giro radical al trabajo de la Iglesia (igual que
algunos hoy en día). Otros insistían en no perder nunca de vista la
dimensión espiritual y trascendente de la evangelización, y corrían el
peligro de olvidarse de los asuntos temporales, es decir, de los pobres.
Dentro de los mismos obispos había partidarios (moderados,
afortunadamente) de ambas corrientes. La Conferencia de Puebla prometía
mucha especulación y mucha emoción.
Terminada la Conferencia, alguien de mi comunidad contactó a uno de los
obispos asistentes para que nos hiciera el honor de oficiar la misa
dominical y nos comentara sobre el resultado de la reunión. Las preguntas
flotaban en el ambiente: ¿Cómo se puso la cosa? ¿Hubo pleito? ¿Quién ganó?
Este
obispo, cuyo nombre desgraciadamente no recuerdo, era uno de esos hombres
que irradian simpatía, serenidad y sabiduría. En un momento nos conquistó
a todos los presentes, y nos respondió con un mensaje claro y conciso: “La
situación estaba muy complicada, pero no éramos enemigos, éramos hombres
con diferentes puntos de vista buscando con sinceridad un mismo objetivo,
el bien y la verdad. Finalmente prevalecieron la cordura y la concordia”.
Diferentes puntos de vista buscando con sinceridad un mismo objetivo. Tan
sencillo y a la vez tan complicado. La postura normal es la contraria:
hombres con diferentes puntos de vista decididos a imponer el suyo a costa
de lo que sea. Diferentes grupos dispuestos a sostener su ideología a
costa de la verdad. Diferentes partidos dispuestos a ganar el poder a
costa de la sociedad, a costa del país.
Finalmente la Conferencia de Puebla fue un éxito. Todos los pareceres se
tomaron en cuenta y se definieron prudentes criterios y directrices para
todo. Se dio su lugar al trabajo por la justicia y su lugar a la búsqueda
de la santidad. Ora falta que los católicos lo apliquemos, pero por lo
pronto se logró el acuerdo y se alcanzó el objetivo. Qué esperanzas que
algún día veamos algo parecido en nuestros grupos, en las familias, en
instituciones de educación y de salud, en sindicatos, en las cámaras de
diputados y de senadores... Qué esperanzas.
Olvidaba un pequeño detalle. Los obispos en puebla estaban reunidos en el
nombre de Cristo y pidieron su inspiración al Espíritu Santo. Supongo que
ahí está el secreto. Supongo que por eso en la Iglesia se pueden hacer
cosas que para otros están a años luz de distancia. En México hace 150
años que queremos alcanzar el progreso expulsando a Cristo. Menos mal que
aquí no queríamos ni cordura ni concordia.
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