Vacaciones por la identidad
J. Antonio Doménech Corral
Para nuestras vacaciones... descanso para
reencontrar la relación armónica con el mundo que mantenemos con nuestras
manos y se fue perdiendo en el transcurso del año.
Se aproxima el verano, el
tiempo normal de las vacaciones. El que gran parte de empresas y negocios
reducen su actividad temporalmente por el reglamentario y escalonado
descanso de sus plantillas. En cambio, el que más vida y movimiento cobran
los lugares turísticos de playa o montaña, y zonas monumentales, que
renacen con las visitas de quienes buscan en este periodo salir del estrés
y monotonía del resto del año.
Y sin embargo cabría
preguntarse: ¿Qué resultado final dejarán estas ansiadas vacaciones en las
personas, luego de disfrutadas? No es lo deseable, pero quizás el mismo
estrés que se tenía acumulado a su principio porque se buscaron, o se
encontraron sin buscarlos, los mismos parámetros dentro de los cuales
normalmente se convive: la "marcha", el ruido, las prisas, el
consumismo...
Y es que, porque seguramente
nuestra vida diaria discurre muy a pesar nuestro por una "cadena" tan
rígida y absorvente, que nos impide detenernos a interesarnos por nosotros
mismos y por los otros; aunque esos "otros" a veces se encuentran en
nuestro propio entorno familiar.
Para nuestras vacaciones, lo
que realmente nos iría muy bien o mejor, sería un cambio de ritmo hacia lo
distinto de lo cotidiano. Algo que nos impidiera ver tanto montaje y
consumismo de cada día; pero que no nos impidiera descubrimos a nosotros
mismos y a los demás. Algo alternativo y enriquecedor. Algo verdaderamente
humano.
Algo que nos permitiera
recuperar las vacaciones como verdadero descanso en el sentido bíblico del
"sabat", tal como fue instituido por al Creador en el origen de los
tiempos: formando parte de la realidad creada y con su propio fin. No como
descanso para la ociosa inactividad, sino como descanso para reencontrar
la relación armónica con el mundo que mantenemos con nuestras manos y se
fue perdiendo en el transcurso del año. Un mundo ciertamente rico y pobre,
alegre y triste, solidario y cínico, justo e injusto. Pero, al fin y al
cabo, un mundo humano…siempre que ayudemos a crear y compartir las
primeras de las disyuntivas apuntadas anteriormente; y luchemos por
erradicar las segundas. Porque esto es lo que anda pidiendo nuestra
identidad de cristianos.
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