Una entrevista a Fernando Fernández
Rodríguez, presidente de AEDOS: laboratorio español de la moderna Doctrina
Social de la Iglesia
Fernando José Vaquero Oroquieta
Hemos entrevistado a Fernando Fernández Rodríguez,
abogado y economista, presidente de la Asociación para el Estudio de la
Doctrina Social de la Iglesia, AEDOS: un laboratorio español de la
moderna Doctrina Social católica.
Pregunta: ¿Podría definir, para los lectores de Arbil,
anotaciones de pensamiento y crítica, qué es, hoy, la Doctrina Social
de la Iglesia?
Respuesta: Es teología moral, como quedó definitivamente
claro desde la Sollicitudo rei socialis. También puede considerarse
parte de la eclesiología. La relación entre verdad y libertad -que
debe informar la vida de las personas- se ve especialmente iluminada, en
el ámbito socio-económico y sociopolítico, por el magisterio de la Iglesia
(Veritatis Splendor).
P.: Su entidad, AEDOS, despliega un importante elenco de
actividades, contando con la participación de personalidades de gran
prestigio intelectual. ¿Destacaría, por su particular interés, algunas de
ellas?
R.: Nuestro trabajo se resume en estudio, difusión y promoción de
la doctrina social de la Iglesia. Tan imprescindible nos parece la labor
de investigación (lo que llamamos capítulos y grupos de trabajo con
una dimensión interdisciplinar, hermenéutica y de mediación) como las
publicaciones, que con frecuencia son el resultado de estos trabajos, y la
labor de promoción (el mensaje social se hace creíble por el testimonio de
las obras antes que por su coherencia y lógica internas).
P.: ¿Disfruta de buena salud, en España, la Doctrina Social de la
Iglesia?
R.: Pasó un mal momento hace unos treinta años. Después se ha
recuperado el interés, con enfoques como el nuestro, que desde las
aportaciones “laicas”, por decirlo así, de las ciencias humanas y sociales
interpelan a la doctrina social de la Iglesia. Esta tarea tiene mucho que
ver con la recreación, sobre nuevas bases, de la expresividad cultural de
la fe.
P.: En las primeras décadas del siglo XX, los católicos españoles
desplegaron una creatividad social impresionante, desarrollando obras de
todo tipo inspiradas por la novedosa Doctrina Social de la Iglesia, hasta
el punto de poder afirmar que, todavía hoy, nos beneficiamos en buena
medida de aquel esfuerzo. ¿Qué ha pasado, a su juicio, para que ese ritmo
haya decrecido de forma tan notable?
R.: Es difícil una respuesta breve, que llevaría a juicios quizá
simplistas de la historia de España en el siglo XX. El catolicismo español
vivió etapas complejas y en algunos períodos (franquismo) instaladas.
Y en medio de eso tiene lugar una profunda crisis cultural y eclesial,
sobre todo en los años setenta y siguientes. Las modas, los tics
culturales, la abusiva primacía de lo económico (lo economicista), no
favorecieron ese ímpetu doctrinal.
P.: La Doctrina Social de la Iglesia, frente a formulaciones
intelectuales que se presentan, supuestamente, como más modernas y
receptivas a diversas aportaciones de las ciencias sociales, caso de
algunas Teologías de la Liberación, ¿tiene capacidad para elaborar
instrumentos teóricos y propuestas de acción, adecuadas a los retos del
mundo globalizado y secularizado de hoy, al servicio de las personas
concretas?
R.: La Doctrina Social, por elaborada que esté, es una incitación,
un esclarecimiento, una motivación permanente, fruto de la interacción de
la Palabra de Dios y del obrar de los hombres. Son los cristianos, y de
modo especial los laicos, quienes, apoyados en ese empeño y en su libre
autonomía y responsabilidad, tienen que encontrar respuestas a la
situación actual, como ha ocurrido también en otros momentos de la
historia.
P.: La Doctrina Social de la Iglesia, ¿es patrimonio de los
sectores eclesiales calificados como conservadores o, por el contrario,
puede acoger y orientar a todas las sensibilidades católicas?
R.: Nada en la Iglesia es patrimonio de un grupo determinado. Todo
es de todos. La doctrina social de la Iglesia puede ser tradicional, pero
no es conservadora. Y de una tradición que tiene la intrínseca capacidad
de renovarse. Algo semejante a aquello de Ecclesia semper reformanda.
P.: Es evidente el esfuerzo desplegado desde algunas entidades
(AEDOS particularmente, determinadas iniciativas diocesanas, ciertas
universidades católicas, diversas editoriales…), para el relanzamiento de
la DSI, siguiendo el impulso a la misma de Juan Pablo II. Estos
“laboratorios de ideas”, ¿encuentran interlocutores, en el pueblo
católico, capaces de desarrollar en la sociedad, sus propuestas?, ¿no se
corre el riesgo de elaboración de un pensamiento que no “enganche” con la
realidad?
R.: La conexión con la generalidad del pueblo cristiano es esencial
en nuestra fe, pero cada uno la puede hacer del modo que le es propio.
Nosotros, y muchas iniciativas semejantes, llegamos a un grupo de personas
(en las que están representadas las diversas áreas del conocimiento y de
la actividad del profesional) que a su vez tienen su público, a veces
amplísimo. Calculo que en nuestra aún corta vida de quince años, por
nuestras actividades han “pasado” varios cientos de intelectuales.
P.: A lo largo de bastantes años, numerosos católicos han mirado
con cierta sospecha a la participación política. No obstante, y
últimamente, viene emergiendo, en algunos sectores, el interés por la
acción política directa, ya sea dentro de partidos aconfesionales o en
otros de inspiración cristiana. La Doctrina Social de la Iglesia, ¿puede
acompañar a estos católicos en el discernimiento y consolidación de su
necesaria vocación pública?
R.: Tal doctrina es una de las facetas de una formación amplia, que
incluye -además de la competencia en la profesión- un suficiente
conocimiento de las ciencias humanas y sociales -lo que llamamos
humanidades-. Pero en mi opinión lo esencial, y lo que le hace creíble, a
esos católicos es la honradez, la sinceridad y coherencia: que se vea que,
antes que sus intereses o los de su partido, están los que corresponden al
bien común.
P.: La Iglesia española mantiene universidades, periódicos,
emisoras, colegios, hospitales… pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico
detrás?
R.: Un buen amigo, socio de AEDOS, respondería a esto que basta
contar la gente que reza. Son millones en España, miles de millones en el
mundo. Pueblo siempre hay, y millones de gente de buena voluntad. Por otra
parte, cuando amenaza el peligro, crecen también los factores de
salvación. Esta ley de economía espiritual humana se cumple en la Iglesia
en España.
P.: La sociedad española está haciendo propio, de forma masiva, un
modelo vital relativista-consumista. A ello contribuye la acción dirigida
desde la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y
gran parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, con sus obras
sociales, ¿constituye una alternativa real a esta mentalidad planetaria
dominante? La educación católica, ¿tiene recursos para afrontar este
inmenso reto?
R.: Ciertamente vivimos situaciones y momentos de crisis. Pero no
siempre lo que más suena es lo más frecuente. Pienso que, con fallos y
debilidades, hay en España mucha gente de corazón y vida cristiana. Es ese
buen olor de Cristo el que hay que difundir, pero no necesariamente
creando guetos, ni reservas confesionales, sino, como el Evangelio enseña,
con la acción de la levadura..
P.: La publicación de “Alfa y Omega” y el suplemento
religioso de La Razón, fundación de nuevas universidades católicas,
los congresos anuales “Católicos y vida pública”, constitución del
Foro Español de la Familia, aparición de organizaciones
“transversales” (E-Cristians, HazteOír.org, Foro Arbil),
consolidación de la Compañía de la Obras de España, diversas
iniciativas de entidades católicas con vocación pública… ¿Son hechos
aislados o constituyen un síntoma de que “algo se mueve” en el catolicismo
social español? La Doctrina Social de la Iglesia, ¿puede dinamizar e
iluminar tales realidades?
R.: Es claro que algo se mueve. Y casi siempre se mueve muy bien.
Eso es doctrina social de la Iglesia en acto. Son opciones ciertamente
contingentes en su contenido, por su carácter laical, pero esenciales y
necesarias para el magisterio de la Iglesia. La jerarquía la debe aceptar
y respetar en toda su fuerza.
P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido
abandonados por los católicos. Nos referimos al sindicalismo, el
cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa?, ¿debería, el conjunto
del catolicismo social, retomar la iniciativa en esos ámbitos sociales?
R.: Muchos de esos movimientos, al hacerse más generales y
abiertos, no necesitan ya ser confesionales. Otros, sencillamente, han
venido a menos, porque las figuras sociales cambian cuando cambian los
tiempos. En la historia las vueltas atrás no son posibles. A problemas
nuevos, soluciones imaginativas, siendo los cristianos fuente continua de
carismas y de impulsos de renovación.
P.: Un supuesto nuevo humanitarismo, enarbolado por ONGs laicistas,
está sustituyendo a las tradicionales obras de caridad católicas. Mientras
tanto, ¿sufren una crisis de identidad las ONGs católicas?, ¿puede, la
Doctrina Social de la Iglesia, contribuir al reforzamiento de su razón de
ser fundamental y originaria?
R.: A mí no me molesta nada quien haga el bien, todo lo contrario.
Pienso que el crecimiento de las ONGs laicas debería llevar a los
católicos: o a trabajar en ellas o a trabajar en otras específicamente
cristianas. Y si hay otra posibilidad, seguirla también. Nunca apagar una
vela que arde haciendo bien, aunque sea solo una parte de bien. Y
asegurarnos, para no caer en una política de pragmatismos humanos, el
contacto permanente e identificado con la persona de Cristo, el Hijo de
Dios.
Muchas
gracias.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº
81, mayo de 2004
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