El hombre demonio del hombre
Jesús Alfonso Nieves Asúnsolo
...parece que el hombre se está
convirtiendo en demonio al no respetar los valores fundamentales de la
persona tutelada por los diez mandamientos.
El
demonio es el enemigo exterior con el que hemos de luchar y es quien se
opone infructuosamente a los designios de Dios, pero que actualmente
parece que el hombre ha usufructuado esa actitud al oponerse
constantemente a los valores universales del propio hombre que son la
relación con Dios, la vida, la familia, la propiedad privada, la personal
y la sexualidad. Eso lo podemos observar en la actitud que el hombre
presenta ante lo trascendental, al apoyo a la eutanasia, el aborto, la
desintegración de la familia al perderse el sentido del principio de
autoridad, al narcotráfico, a la falta de conciencia cívica, la actuación
“light” de las personas sin preocuparse del bienestar del oprimido,
buscando sólo lo que le es útil para vivir una supuesta vida satisfactoria
y, el abuso de la sexualidad en virtud de un satisfactor placentero, es
decir, sin amor mutuo y de compromiso. En fin, parece que el hombre se
está convirtiendo en demonio al no respetar los valores fundamentales de
la persona tutelada por los diez mandamientos.
El
oficio propio del demonio bajo una estrategia solapada trata de humillar
al hombre, volviendo a repetir lo ya mencionado, de que el hombre actúe
como lo propio del demonio con relación al conocimiento y provecho del
mismo hombre, que realmente es la tentación que Dios permite y que no va
más allá de las fuerzas del propio hombre, y es ahí, donde el hombre, a
través de la mentira del demonio, se considera el dios de su existencia
provocando una fuerte obsesión por buscar lo placentero a través del
egoísmo.
Nuestra sociedad está construida sobre la ciencia y a ella le debe su
riqueza que el hombre común cree poseer, pues intenta vivir y enseñar
sistemas de valores prácticamente con principios arruinados y que a fondo,
no convencen al alma de los hombres, ya que lo que se maneja en esta
sociedad no es la definición de la trascendencia, el verdadero
conocimiento, sino que propone al hombre sólo servirse de él y eso es lo
“trascendental” que presenta, la autoconciencia humana que lo lleva a
escoger una ética conveniente a las circunstancias individuales.
Ese
demonio (al que le temíamos de niños) a través de una filosofía de la
sociedad, hace marchar al hombre hacia un panteísmo, lo impersonal, en
lugar de hacia Alguien supremamente personal, capaz de salvar lo que hay
de inmortal e incomunicable de cada persona. Esta sociedad presenta un
desorden, una agitación inquieta, llena de impulsos turbios, lo cual
indica que está atravesando una crisis de crecimiento, ya que se debate y
se ahoga, porque nadie, ni el cristiano, acude a dar el ejemplo y a trazar
el camino de una acción y de una vida plenamente humanas, apasionada y
activamente abiertas a cualquier bien, a cualquier belleza y a cualquier
verdad ¿No seremos capaces de abandonar lo anterior si creemos en
Jesucristo?
Es
preciso que el hombre abandone esa embriaguez buscando la santidad que es
adherirse a Dios con todas sus fuerzas, que es cumplir en el mundo la
función exacta y humilde a la que, por naturaleza y por sobrenaturaleza se
halla destinada.
Teilhard de Chardin nos dice... “¿Por qué no habría de haber también
hombres consagrados a la tarea de dar, con su vida, el ejemplo de la
santificación general del esfuerzo humano, hombres cuyo ideal religioso
común fuera el de dar su completa explicitación consciente a las
posibilidades y exigencias divinas que oculta cualquier ocupación terrena;
hombres de una palabra, que en los dominios del pensamiento, del arte, de
la industria, del comercio, de la política, etc. se dedicaran a realizar,
con la sublimidad de espíritu que requieren, las obras fundamentales que
constituyen el armazón mismo de la sociedad humana?”(Cfr. La santificación
del esfuerzo humano).
De
esta manera el hombre dejaría ser el demonio del hombre y se convertiría
en el ángel de la sociedad.
|