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¿Cómo frenar el avance de las "sectas" en América?

José Antonio Benito

El autor José Luis Pérez Guadalupe trata de responder en su nueva obra Baja a Dios de las nubes (Una alternativa católica al crecimiento de las llamadas “sectas” en América Latina)

"¿Qué pasa con ese 80% de peruanos que podrían asistir a misa y no lo hacen?". Inquietante cuestión que el Dr. José Luis Pérez Guadalupe, autor del incisivo y difundido "Ecumenismo, Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos" trata responder en su nueva obra Baja a Dios de las nubes (Una alternativa católica al crecimiento de las llamadas “sectas” en América Latina). (Diócesis de Chosica, Colección Quaestiones Disputatae, Lima 2004, 153 pp. La obra trata de dar respuesta a las preguntas formuladas dos años atrás, con la publicación de su obra citada y que ha servido de pauta para análisis pastorales, congresos, programas y fecundos diálogos. Su propuesta de pastoral tripartita que integra en el marco de una pastoral diocesana a 1) las Parroquias, 2) a los Movimientos Apostólicos y 3) a la Religiosidad Popular (organizada y no organizada) lo hace desde su formación teológica (es magíster de la Facultad de Teología de Lima) y sociológica (doctor por la Universidad de Deusto y magíster en criminología de la Universidad del País Vasco), además de una acrisolada práctica pastoral carcelaria desde 1986 y una militancia activa -crítica y creativa- en la Iglesia.

El libro se abre con una nota de Monseñor Norberto Strotman, obispo de Chosica, quien, de acuerdo a su mentalidad germánica, inserta la obra en la "nueva pastoral urbana" que, a través de sus tres ejes -creciente diferenciación de la pastoral, descentralización y movilidad- busca nuevas formas de responder a la globalización y urbanización.

A continuación, un artículo de "presentación" a cargo del gran experto en "sectas", P. Manuel Guerra Gómez, titulado "La situación de América Latina y un proyecto para su ‘Nueva Evangelización’". Realmente, magistral. Califica el libro de “sugerente, ingenioso y excitante”. Pondera su buena estructura de orden ternario, puesto que son tres sus capítulos: Migración religiosa, Alternativa católica (3 dimensiones vivenciales: religiosa, comunitaria, doctrinal; 3 actores: parroquias, movimientos, religiosidad popular; 3 criterios de actuación: Iglesia, Pueblo de Dios, pastoral integral, cotidianidad de Dios), La Hora de los laicos. Alaba "el proyecto excelente como si se tratara de una gran empresa" (p.30) pero no deja de matizar que es una "empresa sobrenatural", invitando al autor a un mayor optimismo que no es vana credulidad ni ingenuo espiritualismo sino firme esperanza de quien confía "en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo" (p.30).

A José Luis le preocupa la "insuficiente llegada católica", los "aspectos vulnerables de nuestra pastoral católica que están haciendo posible que los otros grupos religiosos avancen sostenidamente" (p.43) y propone una solución, una alternativa, fruto de su oración, de su reflexión y de su acción, en la que está estrechamente involucrada la balbuceante pero dinámica diócesis de Chosica y el cotejo con las iglesias evangélicas. El problema no está tanto fuera (las "sectas") como "dentro", en la propia Iglesia, que no llega a abarcar a todos sus fieles, quienes no llegan a vivir una auténtica experiencia religiosa, un encuentro con Cristo; no consiguen una vivencia comunitaria, grupal, familiar; les falta también a los católicos una formación doctrinal adecuada. De hecho, recuerda el autor que de los mil católicos que se habían pasado a las "sectas" un 98% manifestó que si hubiesen encontrado estas tres notas en la Iglesia Católica, seguirían en ella. La solución está en una "nueva evangelización católica, bíblico-kerigmática", que lleve a la iglesia a concebirse como una comunidad "evangelizadora", que acoja y que forme. El medio más importante está en la dinamización y formación de un laicado maduro y responsable, que se siente Iglesia, Pueblo de Dios en camino, en el marco de una pastoral integral y que "baja a Dios de las nubes" para llevarlo a nuestro mundo, haciéndolo "más cercano y cotidiano a toda la feligresía" (p.152).

Tal deseo se dará si el reloj eclesial da de verdad la "hora de los laicos", gran potencial, sin temores o recelos.

Según la edición estadística de Datum Internacional de El Comercio en "La Encuesta del Milenio: Religión" (Lima 19 marzo 2000), "el Perú es el país donde más se cree en un Dios (80%), reafirmando así una tradición católica que no ha perdido vigencia" (p.5). Sin embargo, el Dr. José Luis Pérez Guadalupe El autor se retrata de cuerpo entero con un título provocativo: ¡Y SIN EMBARGO, SE VAN¡ al referirse a la realidad innegable de miles de católicos peruanos que hoy están fuera de la Iglesia Católica. Nos recuerda la falsa frase atribuida a Galileo y que recoge la obra "Italian Library", de Baretti, escrita en 1757 "E pur si muove... pero se mueve". Afirma con datos contundentes que en 100 años de implantación y misión, los evangélicos llegaron a ser a mediados de los ochenta, el 5% de la población del país (un millón de feligreses, aproximadamente); pero en los 10 años posteriores, los evangélicos duplicaron su feligresía, y en la actualidad son más del 10% de la población peruana, (dos millones y medio de feligreses, aproximadamente). En términos prácticos, tendremos que reconocer que nuestros hermanos evangélicos movilizan más gente los días domingos que la Iglesia Católica. Una situación similar se presenta en el segundo grupo no católico más numeroso del país, los Adventistas del Séptimo Día, quienes en 1990 eran 212,795 fieles y en marzo del 2002 llegaron a ser 527, 238. Lo mismo ocurre con los Testigos de Jehová que en 1990 eran 31,595 miembros y en el 2001 eran 78,904; e igual situación ocurre con los Mormones y los Israelitas del Nuevo Pacto Universal.

Lamentablemente, revisando las cifras del alarmante crecimiento de los no católicos en los últimos años, debemos aceptar que la década del noventa fue la “Década perdida para la Iglesia Católica en el Perú”. Al mismo tiempo, tendremos que constatar que si bien la Iglesia Católica Latinoamericana hizo su opción preferencial por los pobres, parece que los pobres de América Latina no hicieron su opción preferencial por la Iglesia Católica, sino por las “sectas” y los Nuevos Movimientos Religiosos.

El Dr. Pérez Guadalupe recuerda la cita del P. José Luis Idígoras: "los pobres hablan con los pies; es decir, se van" sin pedir ninguna opinión a su Iglesia. Por ello el autor ausculta la realidad y pregunta a más de los mil que abandonaron. El 92% le responde que si hubiesen encontrado una relación viva con Cristo, una comunidad acogedora y una formación catequética sólida, no se habrían ido.

Tan atractivos y candentes asuntos no son nuevos para nuestro autor, sino una reelaboración de ensayos de sus tesis y estudios anteriores. Su punto de vista resalta el Diálogo Ecuménico e Interreligioso desde su reflexión y el magisterio papal, y busca no solo una presentación y descripción de los Nuevos Movimientos Religiosos en el Perú; sino también, una exposición analítica de las distintas razones de la “emigración católica”, en vistas a tomar acciones pastorales eficaces que puedan contrarrestar "esta evidente y lamentable sangría".

Para acercarnos al tema, el autor nos invita a tener presente que el nuevo rostro religioso peruano ya no es tan mayoritariamente (y menos aún monopólicamente) católico como antes y cómo una nueva respuesta de evangelización y pastoral de parte de nuestra Iglesia tendrá que ser, bajo todo punto de vista, innovadora y audaz; partiendo de la “realidad socioreligiosa”, y no de la “idealidad eclesial”. De hecho la Conferencia Episcopal Peruana, renovada en sus cargos a fines de enero del 2003, ha adoptado como tema prioritario para el trienio que emprende el señalado por la obra.

Un dato muy positivo de la iglesia peruana es la celebración del Congreso Internacional de Catequesis Familiar que reúne a más de 4000 participantes del 9 al 16 de febrero. Una ocasión extraordinaria para vivir la unión con Cristo, la comunión entre los fieles y recibir una intensa y actualizada formación teológica.

 
 

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