El sufrimiento de los inocentes
Francisco Baena Calvo
La Teología de la cruz da respuesta al
sufrimiento y al dolor del inocente.
El
sufrimiento y el dolor, la guerra y el hambre, la muerte de los seres más
queridos y la injusticia más atroz, los desastres naturales y las masacres
a etnias enteras en el mundo hacen estallar una pregunta en forma de
estupor y sobrecogimiento: ¿Por qué Dios permite el mal? ¿Por qué los
inocentes y menos favorecidos sufren? ¿Es posible creer en un Dios bueno y
misericordioso después de estas desgracias humanas de tales
proporciones?...
Estas
preguntas no son nuevas en la historia humana pero se recrudecen ante el
sufrimiento humano y la muerte de los más débiles. Además, desde siempre
estas preguntas han sido planteadas no sólo desde conciencias lejanas a la
dimensión religiosa sino desde personas creyentes que han querido
encontrar una respuesta válida desde su confianza en Dios. Pero hoy más
que nunca, cuando el mundo de la filosofía en muchos frentes lanza la idea
de que el concepto de Dios está agotado, el creyente quiere saber qué
respaldo teológico tiene la queja contra Dios en el proyecto salvífico y
el devenir histórico, cargado de tanto desastre y sufrimiento.
Es
cierto que el sufrimiento deja sin argumentos convincentes muchos
discursos teológicos pero no por eso en situaciones límites no se reclama
con más intensidad la existencia de un Dios que pueda hacer más llevaderos
el llanto y el lamento, al tiempo que haga válidas sus quejas y rebeldías.
Desde
la fe cristiana, los sufrimientos de los seres humanos no son olvidados ni
maquillados en pro de nada sino que alcanzan una densidad insuperable. La
Teología de la cruz da respuesta al sufrimiento y al dolor del inocente. Y
la respuesta ante toda miseria humana es la resurrección de los muertos
como un acto reivindicador de Dios que sale al encuentro del hombre, sobre
todo del maltratado por la vida y las circunstancias. Esta esperanza en la
resurrección y en el triunfo de Dios alienta a los creyentes a no caer en
el desaliento y a luchar para transformar las estructuras a favor del
hombre y a trabajar para ayudar a las víctimas, aunque tiemble su interior
con lágrimas fuertes.
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