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El año de la comida

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Precisamente ahora cuando en muchísimos países no hay comida y casi en esos mismos países se escenifican las más atroces guerras. Viene muy a cuento, por ello, un año dedicado a la Eucaristía, un año dedicado a la comunión...

Para mí, el sacramento de la Eucaristía tiene un simbolismo muy especial. Si es verdad que las primeras comuniones a veces las hemos convertido en folclore, en puesta en sociedad y hasta en negocio, también en verdad que con ese rito daba la impresión de que entrábamos en una especie de mayoría de edad, de puesta en largo, de comenzar a ser algo más de lo que hasta entonces habíamos sido. No defiendo el oropel que a veces se le ha dado a este rito, pero para mí la comunión, la primera y las restantes, adquieren un significado muy especial porque se trata nada menos que de la comida, o de la común unión, o de la comunidad, como prefieran, porque donde hay común unión no solamente hay comunidad sino también comida.

Es por eso que tanto me satisface que Su Santidad haya anunciado no solamente el Año de la Eucaristía sino, y sobre todo, el que haya querido dedicar a la Eucaristía la primera encíclica del nuevo milenio.

Adquiere esto un significado especial precisamente ahora cuando nos debatimos entre la convivencia o la desunión, entre la paz y la guerra, entre la tranquilidad y el atentado. Precisamente ahora cuando hay más abundancia, y más tecnologizada, y más pobreza. Precisamente ahora cuando en muchísimos países no hay comida y casi en esos mismos países se escenifican las más atroces guerras. Viene muy a cuento, por ello, un año dedicado a la Eucaristía, un año dedicado a la comunión, un año dedicado a la común unión, a la convivencia en paz.

Al Papa siempre se le ocurren estos “trucos” para ver si entramos en razón. Hay que pensar en algunas frases del Pontífice que aparentan abstractas, pero que uno, al leerlas, echa a volar la imaginación para posarla en hechos muy concretos y en geografías muy precisas. Frases precisamente como ésta: “Mediante la Eucaristía, la comunidad eclesial es edificada como una nueva Jerusalén, (repito, como una nueva Jerusalén), principio de unidad en Cristo entre personas y pueblos diferentes”.

Y también me gusta esa referencia a la multiplicación de los panes y los peces: “Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente”. Uno recuerda el refrán del que tenga oídos para oír, que oiga, y el que tenga ojos para ver, que vea. Pues bien, la Eucaristía es esa mesa que tanto escasea en el alimento individual y social, en el alimento de muchos pueblos y en el alimento de muchos espíritus. Y eso es porque aquellos que pueden multiplicar los panes y luego repartir los trozos entre los necesitados de urgencia se niegan a ello.

 
 

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