El año de la comida
Precisamente ahora cuando en muchísimos
países no hay comida y casi en esos mismos países se escenifican las más
atroces guerras. Viene muy a cuento, por ello, un año dedicado a la
Eucaristía, un año dedicado a la comunión...
Para
mí, el sacramento de la Eucaristía tiene un simbolismo muy especial. Si es
verdad que las primeras comuniones a veces las hemos convertido en
folclore, en puesta en sociedad y hasta en negocio, también en verdad que
con ese rito daba la impresión de que entrábamos en una especie de mayoría
de edad, de puesta en largo, de comenzar a ser algo más de lo que hasta
entonces habíamos sido. No defiendo el oropel que a veces se le ha dado a
este rito, pero para mí la comunión, la primera y las restantes, adquieren
un significado muy especial porque se trata nada menos que de la comida, o
de la común unión, o de la comunidad, como prefieran, porque donde hay
común unión no solamente hay comunidad sino también comida.
Es por
eso que tanto me satisface que Su Santidad haya anunciado no solamente el
Año de la Eucaristía sino, y sobre todo, el que haya querido dedicar a la
Eucaristía la primera encíclica del nuevo milenio.
Adquiere esto un significado especial precisamente ahora cuando nos
debatimos entre la convivencia o la desunión, entre la paz y la guerra,
entre la tranquilidad y el atentado. Precisamente ahora cuando hay más
abundancia, y más tecnologizada, y más pobreza. Precisamente ahora cuando
en muchísimos países no hay comida y casi en esos mismos países se
escenifican las más atroces guerras. Viene muy a cuento, por ello, un año
dedicado a la Eucaristía, un año dedicado a la comunión, un año dedicado a
la común unión, a la convivencia en paz.
Al Papa siempre se le ocurren estos “trucos” para ver si entramos en
razón. Hay que pensar en algunas frases del Pontífice que aparentan
abstractas, pero que uno, al leerlas, echa a volar la imaginación para
posarla en hechos muy concretos y en geografías muy precisas. Frases
precisamente como ésta: “Mediante la Eucaristía, la comunidad eclesial es
edificada como una nueva Jerusalén, (repito, como una nueva
Jerusalén), principio de unidad en Cristo entre personas y pueblos
diferentes”.
Y
también me gusta esa referencia a la multiplicación de los panes y los
peces: “Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los
ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba
dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente”. Uno
recuerda el refrán del que tenga oídos para oír, que oiga, y el que tenga
ojos para ver, que vea. Pues bien, la Eucaristía es esa mesa que tanto
escasea en el alimento individual y social, en el alimento de muchos
pueblos y en el alimento de muchos espíritus. Y eso es porque aquellos que
pueden multiplicar los panes y luego repartir los trozos entre los
necesitados de urgencia se niegan a ello.
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