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La ONU ¿Para qué?

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

La Organización de las Naciones Unidas es no solamente necesaria sino imprescindible. Eso sí, habrá que hacerle retoques.

La Organización de las Naciones Unidas no ha salido muy bien parada en los últimos tiempos. Este organismo internacional, que debería regular la convivencia mundial, no ha tenido la fuerza suficiente para oponerse a quienes tenía que oponerse, y quienes no acataron las decisiones de la ONU le dieron una terrible bofetada. Así que hemos salido mal por ambos lados. La desconfianza de los más débiles aumenta mientras pareciera que la fuerza de las naciones más influyentes y poderosas es la que manda, con o sin ONU. Los conflictos en el Medio Oriente, las guerras de Afganistán y de Irán, dan buen testimonio de ello. Y, sin embargo, todos estamos de acuerdo en que la Organización de las Naciones Unidas es no solamente necesaria sino imprescindible. Eso sí, habrá que hacerle retoques, habrá que buscar más equilibrios, habrá que luchar por la igualdad interna en la Organización y habrá que promover con más ahínco la justicia entre todas las naciones, pues se trata, ni más ni menos, que de la gran “familia de naciones”.

Ante este fenómeno también la Iglesia Católica tiene su opinión y sus recomendaciones. Y el tema surgió en el ámbito de la Conferencia sobre Diálogo islámico-cristiano efectuada recientemente en Qatar. Allí el cardenal Jean-Louis Tauran abogó, como no podía ser de otra manera, por mantener viva la Organización pero a la vez puntualizó las deficiencias con que se encuentra en estos momentos. Dijo el señor cardenal que “hoy en día existen los mecanismos diplomáticos apropiados para lograr la paz en el mundo, pero lo que falta es la voluntad política de respetar los acuerdos tomados”. Precisamente por eso “la reforma de la ONU es necesaria”.

Puntualizó todavía más el cardenal, y es en esta puntualización donde se encuentran los resortes para una auténtica renovación. Dijo que “sobre todo no deben ser grandes y pequeños países, idea ésta que el Papa ha desarrollado siempre: en la familia de las naciones todos son iguales. Obviamente, el más poderoso tiene una responsabilidad mayor, pero al momento de decidir, la decisión debe ser tomada según el derecho y según la justicia. Por otra parte, se necesita estar muy atentos a no destruir la ONU. Sería catastrófico, no habiendo ninguna otra estructura”.

Y es precisamente de lo que se trata si queremos que la ONU funcione apegada al sentido democrático, si no queremos ahondar en el sentido familiar, en vez de funcionar, con derecho a veto, según el capricho de una minoría, a veces de una sola nación. La experiencia que nos está dejando el conflicto de Irán se ha convertido en algo que ni puede ser olvidado ni puede ser obviado. Si no es así, ¿para qué la ONU?.

 
 

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