La ONU ¿Para qué?
La Organización de las Naciones Unidas es
no solamente necesaria sino imprescindible. Eso sí, habrá que hacerle
retoques.
La Organización de las Naciones Unidas no ha salido muy bien parada
en los últimos tiempos. Este organismo internacional, que debería regular
la convivencia mundial, no ha tenido la fuerza suficiente para oponerse a
quienes tenía que oponerse, y quienes no acataron las decisiones de la ONU
le dieron una terrible bofetada. Así que hemos salido mal por ambos lados.
La desconfianza de los más débiles aumenta mientras pareciera que la
fuerza de las naciones más influyentes y poderosas es la que manda, con o
sin ONU. Los conflictos en el Medio Oriente, las guerras de Afganistán y
de Irán, dan buen testimonio de ello. Y, sin embargo, todos estamos de
acuerdo en que la Organización de las Naciones Unidas es no solamente
necesaria sino imprescindible. Eso sí, habrá que hacerle retoques, habrá
que buscar más equilibrios, habrá que luchar por la igualdad interna en la
Organización y habrá que promover con más ahínco la justicia entre todas
las naciones, pues se trata, ni más ni menos, que de la gran “familia de
naciones”.
Ante
este fenómeno también la Iglesia Católica tiene su opinión y sus
recomendaciones. Y el tema surgió en el ámbito de la Conferencia sobre
Diálogo islámico-cristiano efectuada recientemente en Qatar. Allí el
cardenal Jean-Louis Tauran abogó, como no podía ser de otra manera, por
mantener viva la Organización pero a la vez puntualizó las deficiencias
con que se encuentra en estos momentos. Dijo el señor cardenal que “hoy en
día existen los mecanismos diplomáticos apropiados para lograr la paz en
el mundo, pero lo que falta es la voluntad política de respetar los
acuerdos tomados”. Precisamente por eso “la reforma de la ONU es
necesaria”.
Puntualizó todavía más el cardenal, y es en esta puntualización donde se
encuentran los resortes para una auténtica renovación. Dijo que “sobre
todo no deben ser grandes y pequeños países, idea ésta que el Papa ha
desarrollado siempre: en la familia de las naciones todos son iguales.
Obviamente, el más poderoso tiene una responsabilidad mayor, pero al
momento de decidir, la decisión debe ser tomada según el derecho y según
la justicia. Por otra parte, se necesita estar muy atentos a no destruir
la ONU. Sería catastrófico, no habiendo ninguna otra estructura”.
Y es
precisamente de lo que se trata si queremos que la ONU funcione apegada al
sentido democrático, si no queremos ahondar en el sentido familiar, en vez
de funcionar, con derecho a veto, según el capricho de una minoría, a
veces de una sola nación. La experiencia que nos está dejando el conflicto
de Irán se ha convertido en algo que ni puede ser olvidado ni puede ser
obviado. Si no es así, ¿para qué la ONU?.
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