Evangelizar en Colombia
Colombia es tierra de fe inquebrantable, de creencia a toda prueba. De
tesón como la que más. De Colombia es, como se sabe, el Nobel García
Márquez, quien profetizó, cuando era sumamente difícil profetizar estas
cosas, que el Papa visitaría a Colombia. Eran épocas en los que los Papas
no se aventuraban a dar un paso fuera del Vaticano. Y Pablo VI, sin
conocer de la literatura mágica y fantástica del famoso escritor, se
aventuró y fue. Eso no lo olvidan los colombianos.
Pero
Colombia, además, es una nación de intrigas, de violencia que le fluye por
muchos flancos, quizá demasiados, de una inestabilidad que no se merecen
los colombianos. El colombiano no es persona violenta pero la violencia ha
tomado carta de ciudadanía porque ha venido creciendo, desde hace mucho,
en una tierra abonada por la injusticia y por el abandono de sus
dirigentes. Ahora el Papa ha tomado cartas en el asunto y ha alertado a
los obispos de Medellín, Barranquilla, Cali, Cartagena, Manizales, Popayán
y Santa fe de Antioquia, en su visita al limina apostolorum a Roma, de
cuáles deben ser los parámetros de una nueva evangelización en Colombia y
para los colombianos.
Creo
que hoy día, y viendo lo que estamos viendo, en todas partes la prioridad
de la evangelización debe anclarse en la promoción de la paz y de la
reconciliación. O de la reconciliación y la paz. Dudo que pueda darse la
paz donde previamente no se ha trabajado por la reconciliación. Una
reconciliación, es obvio, en la que debe primar, por sobre todas las
cosas, la justicia. De no ser así la reconciliación no pasará de ser una
buena intención, pero sin eficacia. Y si no es eficaz, dudo que la eficaz
paz se ancle en territorio colombiano.
En los
últimos diez años han sido asesinados no menos de cincuenta y siete
católicos, que van desde obispos, pasando por sacerdotes, religiosas,
religiosos y seminaristas. Al arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte
Cancino lo asesinaron los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
en marzo de hace dos años. Pero diariamente son cantidad de campesinos y
personas de a pie que quedan acribillados en descampados o en cunetas, o
que son destrozados por atentados y bombas en las calles de las ciudades.
Ante este panorama, el Papa ha dicho a los obispos: “Esta penosa situación
ha llevado a tantos colombianos a vivir en la pobreza y corre el peligro
de fomentar una cultura de muerte y violencia en lugar de una cultura de
la vida y la solidaridad, tan propia de vuestras raíces católicas”. Así
que, a evangelizar. A evangelizar en la reconciliación, que es una
evangelización extremadamente reconfortante.
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