El fútbol
...el terrorismo. Es el fantasma que nos
acecha. No habrá, durante un largo trecho, evento mundial de envergadura
que no vaya signado por el atentado a gran escala...
Es
inevitable: comenzó la Copa Europea de Naciones y hay que hablar de fútbol
y hay que hablar, sobre todo, a lo que en estos momentos rodea a un evento
de tal envergadura y de tanta devoción universal. Portugal se ha
convertido en escenario mundial de un deporte que es mucho más que
deporte: es entretenimiento, por supuesto, pero es también religión en la
cual habrá canonizaciones, esto es, futbolista consagrados, y habrá
condenaciones, esto es, futbolistas desautorizados. Pero es, además,
negocio al más alto nivel, mercancía al más alto nivel, publicidad al más
alto nivel.
Pero
sobre todo hoy día un espectáculo como éste con su dosis de larga
duración, es, además de diversión, de posibles euforias nacionalistas, un
espectáculo avocado al posible terror, cabe decir, al infame terrorismo.
Es el fantasma que nos acecha. No habrá, durante un largo trecho, evento
mundial de envergadura que no vaya signado por el atentado a gran escala,
por la venganza contra quienes no tienen ni arte ni parte en los
conflictos, con aquellos que únicamente anhelan entretenimiento en paz.
Dicen que la seguridad está garantizada pero no hay nadie que pueda, a
estas alturas, desgarantizar la angustia, el no saber si luego del partido
podrás regresar a casa, aunque sea con la derrota de tu equipo.
Estamos en días de euforia signada por el fantasma de lo posible. Y no
quiero que en Portugal ocurra ni lo de Madrid ni lo de Nueva York. Yo nací
en la ribera del Duero, que es lo mismo que en la ribera con Portugal, y
lo traspasaba a nado para encontrarme con ese amor primerizo que terminó
siendo arrastrado por las aguas luego de un accidente en barquichuela. Y
eso jamás se olvida. Y tampoco se olvida el primer premio literario que
recibí: Llanto por Lisboa, boa. Fueron mis segundas lágrimas feitas
en Portugal a causa de la tragedia de aquella riada. Y estos días no
quiero lágrimas a causa de muertes en Portugal, sobre todo si se trata de
esas muertes que no tienen sentido.
Eso
sí, quiero fútbol, quiero ausentarme por unos días, aunque suene a
egoísmo, de esta noticia diaria de muertes, violencias, guerras,
mezquindades, incongruencias, desequilibrios. Porque si las cosas
continúan así vamos a terminan agotando la sensibilidad humana que todos
llevamos dentro.
Yo,
claro, quiero que gane mi equipo, ¡quién no!, pero sobre todo quiero que
gane la sensatez, el optimismo, el sentir que podemos continuar andando
por la vida sin tropiezos, aunque sea camino de un campo de fútbol. En
Portugal o donde sea.
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