El Concilio Vaticano II es irrevocable
Walter Turnbull
...el Papa es fiel y valora la sabiduría
de su Iglesia.
Dijo el Papa en homilía
pronunciada el pasado 29 de Junio, en la solemnidad de los Santos
Apóstoles Pedro y Pablo, con la participación del Patriarca (ortodoxo)
Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I:
“Santidad, en lo que me
concierne, me urge confesar que en el camino de la búsqueda de la unidad
siempre me he dejado guiar, como por una segura brújula, de la enseñanza
del Concilio Vaticano II. (...) Otras veces he podido subrayar, en
circunstancias solemnes, y lo recalco también hoy, que el compromiso
asumido por la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II es
irrevocable. ¡A él no se puede renunciar!”
Excelsa afirmación,
trascendente afirmación.
“Me urge confesar”.
Significa que el Papa entiende que para algunos podría ser un error
confiarse tan ciegamente en la doctrina del Concilio. El Papa admite el
recelo de los otros, pero afirma su propia convicción. Ecumenismo no es
regateo, no es cesión, no es rebaja; es respeto y prudencia en la
transmisión de la verdad.
“A él no se puede
renunciar”. Significa que el Papa es fiel y valora la sabiduría de su
Iglesia. Sabe que los documentos del concilio -en el que él mismo
participó- fueron elaborados no con complacencia sino con cariño; no con
obstinación sino con experiencia; no con miedo sino con prudencia; no con
audacia sino con valor; no con gravedad sino con seriedad; con intención
de encontrar la verdad y con la inspiración del Espíritu Santo. Sabe que
los cristianos -como dijo algún sabio moderno cuyo nombre no recuerdo y
ustedes tal vez sí- no somos grandes, sino que estamos subidos sobre los
hombros de gigantes.
Significa que el Papa no
piensa cambiar para acomodarse a nada. Sabe que la Iglesia no se guía por
modas ni por ideologías, y piensa continuar la obra de sus predecesores,
como seguramente sus sucesores continuarán la suya. Este brillante,
brillantísimo intelectual y teólogo, sabe que los Papas anteriores fueron
tan guiados por el Espíritu Santo como lo es él, y que en su momento
fueron exactamente el Papa que la Iglesia (y el mundo) necesitaba en ese
momento.
Cuando terminó el Concilio
Vaticano II, -oído en un programa del Padre Juan Rivas L.C.- repleto de
sabiduría, brotaron como cizaña exageraciones, desviaciones e
inconformidades. Todo el mundo, especialmente los medios de comunicación,
se concentraron en éstos e ignoraron la sabiduría. Todos oyeron de Lefevre
y de la misa con mariachi, y casi nadie leyó los documentos del Concilio;
y hoy, cuando apenas se sigue buscando su correcta aplicación, algunos ya
empiezan a alucinar la posibilidad de nuevos cambios, de una
modernización.
El Papa nos invita a los que
no nos hemos sumergido en la sabiduría del Concilio Vaticano II -entre los
que me encuentro yo- a confiar en Dios, confiar en la Iglesia y a
comprometernos plenamente con sus salvíficos proyectos.
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