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México: “’Católicas’ por el Derecho a Decidir” lanzan campaña abortista Imprimir
Escrito por Adolfo J. Castañeda / Vida Humana Internacional   
10.06.2010

Image El grupo pseudo católico “Católicas por el Derecho a Decidir” (CDD) de México ha lanzado una campaña repleta de falsedades y tergiversaciones, en la cual desvirtúa la auténtica doctrina de la Iglesia contra el aborto y a favor de la vida, causando confusión en el pueblo católico [1].

La campaña comienza diciendo la falsedad de que “la Iglesia no condena el aborto en muchos casos” [1], contradiciendo directamente la doctrina del Magisterio de la Iglesia sobre este punto. Esa doctrina, que es tan antigua y tan verdadera como la Iglesia misma, fue ratificada por el Papa Juan Pablo II en 1995 en su maravillosa Encíclica El Evangelio de la Vida:

“Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, el Papa Pablo VI pudo declarar que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable. Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia” [2].

En abierta contradicción y desobediencia respecto de esta doctrina, el portal en la Internet donde la CDD lanza su campaña homicida [1] tiene un enlace donde lleva al visitante a la lista de casos en los cuales presuntamente la Iglesia “no condena” el aborto [3]. Lo primero que salta a la vista cuando uno visita esa otra sección es la foto de una joven en postura de oración. No hay duda de la habilidad para manipular la opinión pública a base de imágenes que tiene la CDD, intentando hacer lucir como algo “bueno” lo que es intrínsecamente perverso: la matanza de un ser humano inocente por medio del aborto.

Lo segundo que llama la atención es el título de esa sección que dice: “En muchos casos de aborto, la Iglesia no te puede excomulgar” [3]. Aquí se trata no de una manipulación de la imagen, sino del lenguaje. En la sección anterior a ésta, la CDD había dicho: “La Iglesia no condena el aborto en muchos casos” [1]; ahora dice: “No te puede excomulgar”. Aquí hay dos distinciones que es de capital importancia aclarar, porque está en juego la vida de incontables criaturas por nacer, así como la salud espiritual y psicológica (y en muchos casos física también) de sus mamás.

La primera es la distinción entre el acto en sí del aborto y la intención de la persona que lo comete o permite que se lo cometan. Como hemos visto en la cita de arriba de El Evangelio de la Vida, la condena de la Iglesia es de todo acto de aborto directo. Es sabido que la Iglesia siempre ha distinguido entre un acto grave en sí mismo (como el homicidio), porque viola valores de fundamental importancia (como la vida), y la intención de la persona que comete ese acto. Puede ser que por circunstancias de ignorancia no culpable, miedo patológico grave e insuperable u otras, la persona no sea culpable de pecado mortal o incluso no sea culpable del todo [4]. Para que se dé un pecado mortal, no solamente el acto en sí mismo debe ser grave, sino que también la persona que lo comete lo hace con pleno conocimiento de que lo es y con plena intención y libertad [5]. Pero el acto en sí mismo sigue siendo grave y por tanto condenable, y eso es lo que siempre ha enseñado, enseña y enseñará la Iglesia Católica.

La segunda distinción es entre un acto condenable por ser grave en sí mismo (como lo es todo aborto directo) y, además de ello, objeto de excomunión. Entre las condiciones que tienen que estar presentes para que se dé la excomunión, están no solamente el pleno conocimiento y la plena intención (como se acaba de explicar en cuanto al pecado mortal), sino también que la persona sepa que dicho acto, por ser sumamente grave, es objeto de ex comunión. Pero, de nuevo, el acto en sí mismo sigue siendo grave y por tanto condenable, y eso es lo que, de nuevo, siempre ha enseñado, enseña y enseñará la Iglesia Católica.

Por lo tanto, cuando la CDD dice estas cosas sin realizar las distinciones pertinentes, tenemos que preguntarnos si aquí hay una ignorancia fundamental por parte de unas personas que se llaman a sí mismas “católicas” o, peor, aún, una intención de engañar para promover el crimen abominable del aborto, como le llama el Concilio Vaticano II [6]. No sabemos cuál de los dos sea el caso, porque no podemos ni debemos juzgar a nadie. Pero lo que sí podemos afirmar es que en ambos casos hay una falla fundamental en el “catolicismo” de estas personas que se llaman “católicas”. Tal parece que no han leído ninguno de los documentos de la Iglesia que tienen que ver ni con la moral católica en general ni con el aborto en particular. En ese caso, ¿cómo pueden aconsejar cosas que van en contra de la doctrina de la Iglesia?

Este último punto nos lleva precisamente al último asunto que queremos abordar aquí. En su disparatada declaración para lanzar la campaña abortista de la CDD, María Consuelo Mejía, líder de esta malévola organización en México, dijo, entre otras cosas, que existe una distancia cada vez mayor entre lo que dicen la “jerarquía conservadora” de la Iglesia Católica y la “feligresía” sobre el aborto, según una encuesta nacional realizada recientemente [7].

En primer lugar, la Iglesia Católica no enseña la verdad moral basada en encuestas, sino en la Palabra de Dios, que es Jesucristo, y de cuya Palabra es fiel depositaria, transmisora e intérprete [8]. En segundo lugar, la “jerarquía conservadora”, a la cual se refiere manipuladoramente la Sra. Mejía, consiste en los señores Obispos, quienes son los Sucesores de los Apóstoles de Jesús. Los obispos en comunión con el Papa, sucesor de San Pedro, constituyen el Magisterio de la Iglesia Católica, que es el único que tiene la interpretación auténtica de la Palabra de Dios, haya sido ésta transmitida por la Biblia o por la Sagrada Tradición [8]. La falta de respeto de la Sra. Mejía hacia el Magisterio de la Iglesia Católica es tan inaceptable como la tergiversación que hace de sus enseñanzas, las cuales todo fiel católico tiene la grave responsabilidad de seguir [9].

Hay muchos más disparates en el discurso de la Sra. Mejía, que por falta de espacio nos es imposible abordar. Es más fácil decir falsedades y medias verdades que confunden, utilizando para ello una sarta de frases demagógicas, que dedicarse a decir la verdad con todos sus necesarios matices. Por ello, remitimos al lector a  nuestra página en la Internet, www.vidahumana.org, donde encontrará más información en el enlace “Católicos disidentes”, en: http://www.vidahumana.org/vidafam/anticath/disidentes_index.html.

También invitamos a todos a tomar los cursos de capacitación provida en línea de VHI que tenemos en nuestro portal www.vidahumana.org. Precisamente el tema de los falsos argumentos abortistas de “católicos” disidentes los abordamos en más de uno de estos cursos.

El autor agradece profundamente a la Sra. Magaly Llaguno, OCDS, Directora Ejecutiva de VHI, la investigación que realizó sobre la campaña de la CDD, sin la cual le hubiera sido imposible elaborar este artículo.

Notas:

[1]. Cf. http://www.catolicasmexico.org/ns/index.php.

[2]. El Evangelio de la Vida, no. 62. El énfasis es nuestro.

[3]. Cf. http://www.catolicasmexico.org/ns/campana.html.

[4]. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1860.

[5]. Ibíd., no. 1857.

[6]. Cf. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, no. 51. 

[7]. Cf. http://www.catolicasmexico.org/ns/medios/video.html?view=player&id=34&category=.

[8]. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nos. 85 y 86.

[9]. Cf. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 25.

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