- Como subdirector del Departamento “Promotores y Defensores de la
Fe”, perteneciente al Movimiento Eclesial “Apóstoles de la
Palabra”, una de mis tareas es visitar continuamente a los distintos
grupos a lo largo y ancho de la República Mexicana.
Esta actividad me permite conversar con las hermanas y los hermanos
que generosamente realizan este bello apostolado y conocer sus
inquietudes, experiencias y testimonios.
Realmente es una labor enriquecedora, puesto que me permite orientar a
los Promotores y Defensores de la Fe al mismo tiempo que aprendo mucho
de ellos, de su entrega incondicional al anuncio del Evangelio y a la
Nueva Apologética (defensa de la fe).
- Al conversar con ellos, descubro que hay una constante que ha
llamado mucho mi atención. Por lo general, los Promotores y
Defensores de la Fe son personas que se acercaban poco a la Iglesia,
con muchas dudas a causa del constante visiteo de las sectas y la
conversación con familiares, amigos y vecinos que se apartaron de la
Iglesia.
- Muchos de ellos acudieron a su parroquia en busca de ayuda y no la
encontraron.
- Se trataba, pues, de católicos alejados que a causa de algún
folleto, algún cassette o la charla con alguien que conoce la
literatura del Movimiento o ha participado en alguno de nuestros
cursos, aclararon sus inquietudes y decidieron “ayudar a los que
tienen dudas” (Cfr. Judas 22), integrándose a un grupo de
Promotores y Defensores de la Fe.
- Su encuentro con la Nueva Apologética es un encuentro con un
aperitivo, palabra definida por algunos diccionarios como algo que “abre
el apetito”. Esto es lo que ha representado para los Promotores y
Defensores de la Fe su acercamiento a la Nueva Apologética.
- Con inmenso gusto se acercan a la Sagrada Escritura, que leen y
meditan asiduamente. Pero también empiezan a interesarse en
profundizar su fe, participando en cursos sobre Eclesiología,
Cristología, Mariología, Liturgia, Religiosidad Popular, Sagradas
Escrituras, Derecho Canónico, Sacramentaria, Dogmática, Moral
social, Historia de la Iglesia y tantas otras más.
- Aunque ordinariamente no les gustaba leer, adquirieron el gusto por
la lectura, que ejercitan ahora leyendo los Documentos del Concilio
Ecuménico Vaticano II, los del Magisterio latinoamericano
(especialmente Puebla y Santo Domingo) y los documentos del Magisterio
Pontificio, como Evangelii nuntiandi, Christifideles laici,
Redemptoris missio, por citar sólo algunos. En sus hogares puede
encontrarse pequeñas bibliotecas, con muy variados libros que leen y
releen con frecuencia.
- Proporciona una inmensa satisfacción verlos leer y meditar la vida
de los Santos, orar con la Biblia y la Liturgia de las Horas y tomar
en serio el asunto de la propia santificación, interesándose en
lecturas espirituales, desde el clásico “Imitación de Cristo”
hasta los más actuales libros de espiritualidad.
- Y todo esto, no como meros receptores, sino como protagonistas de la
Evangelización, en la que participan con entusiasmo, dedicación y
alegría, convirtiéndose en verdaderos modelos al interior de su
comunidad parroquial, por su entrega generosa a la misión.
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