- No sé si el Papa, en viaje por estas latitudes,
podrá realizar el milagro de la convivencia, pero lo
intenta. Lo intenta desesperadamente, sacando fuerzas de
donde no pareciera haberlas, sacando decisión y coraje de
donde realmente lo hay. Su Santidad está convencido de que
la paz es posible y en pos de ella camina.
- Aparte de las críticas sobre la conveniencia o no de
estos desplazamientos misioneros, pues no pueden
calificarse de otra manera los viajes del Pontífice, su
voluntad es incuestionable. Se ha empeñado en inaugurar un
estilo propio de gobernar a la Iglesia, de estar en
contacto con creyentes y no creyentes, y lo ha logrado. No
sé si su sucesor lo podrá imitar. Quizá tampoco sean
buenas las imitaciones, pues cada quien tiene su estilo y
en el estilo está la gracia.
- Se da una tónica común en todos estos pueblos y en
estos tiempos: la desestabilización social, las
desestabilizaciones políticas, las amarguras, las
divisiones en bandos que capitalizan no solamente la
violencia verbal sino también la física. Cómo será que el
Presidente de Guatemala, Alfonso Protillo, se ha
aventurado a decir: ?Me gustaría decirle al Papa que se
quede un año y medio para que yo pueda estar tranquilo. Es
el mensajero de paz, el hombre más maravilloso que
tenemos?. Hubiese sido deseable una matización: ?para que
podamos estar tranquilos?, en vez de ?para que yo pueda
estar tranquilo?. Posiblemente quiso decirlo pero la
emoción le jugó la mala partida de ceder al egoismo
personal. Intuyo que quiso decir que si el presidente de
una nación no está tranquilo es porque no está tranquila
la nación.
- Desgraciadamente no creo que el papa pueda realizar
semejante milagro: ¡qué más quisiera él!. ¡Qué más
quisiéramos todos!. Ni siquiera pienso que pueda
realizarlo el nuevo santo, el Hermano Pedro, San Pedro de
Guatemala, que de alguna forma tendremos que llamarlo. Y
eso que el hispano guatemalteco, Pedro de Betancourt, que
ese es su nombre de pila, se especializó precisamente en
la santidad de la reconciliación en aquel siglo XVII
cuando las cosas tampoco estaban tan claras.
- De todas formas es confortable que un presidente
piense que un año y medio de residencia de Juan Pablo II
en su país podría apaciguar los ánimos. El Papa está
consciente de esta situación de conflicto socio político
guatemalteco y antes de pisar tierra por tercera vez en el
país, dijo: el pueblo de Guatemala está ansioso de paz y
reconciliación.
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