El Dios del científico no existe. Y, la verdad, ni falta que hace.
¿Para qué necesitamos un Dios que cuadre como una fórmula matemática?
El Dios del científico no existe. Y, la verdad, ni
falta que hace. ¿Para qué necesitamos un Dios que cuadre
como una fórmula matemática? cuando también sabemos, y
científicamente, que muchas veces dos y dos no son cuatro.
Y si lo son, mejor que no lo fueran.
Siempre me ha molestado eso de querer demostrar
científicamente, o filosóficamente, la existencia del ser
Supremo; de la misma manera me molesta que bajo idéntica
metodología intenten demostrar su no existencia. Es
pérdida miserable de tiempo.
Hawking, el doctor Hawhing, el científico Hawking,
es británico, físico, escritor de teorías cosmológicas y
dice que ha logrado completar una teoría del universo que
no necesita participación de Dios. Pues ¡qué bien!. Yo
tampoco necesito teorías que digan lo contrario, y es que
tanta teoría, tanta tinta derramada porque sí, tanta
palabrería, embrollan demasiado el asunto. La fe del
carbonero es más clara y convincente porque es más
práctica, sin mota de teoría que la ensombrezca. Mi abuela
nada sabía de física, mucho menos de Cambridge, pero, eso
sí, rezaba el rosario y era suficiente.
El conocido científico británico, desconocido por
cierto para la mayor parte de los convencidos creyentes,
ha elegido pomposamente la universidad de Cambridge para
publicitar su teoría. Una teoría que, en síntesis, reza
así: la participación divina en el origen del universo
sería innecesaria, puesto que éste sería autosuficiente y
sin principio ni fin. Total, que nada me ha aclarado. Y es
que, al parecer, existe un tiempo real y otro virtual, el
inventado por uno mismo, a su capricho, a su gusto o a sus
necesidades, lo imaginario y sin fronteras. Y es que
cuando intentamos sacar las cosas de las fronteras de
nuestras personales limitaciones nos hacemos un lío.
Hawking no ha convencido a la comunidad científica
mundial con su teoría, simplemente porque es teoría, no
prueba. O sea, que continua teniendo más valor argumental
un Padrenuestro y un Ave María, que son los argumentos de
mi abuela, que el libro sesudo de Stephen Hawking titulado
?Breve historia del tiempo?. Esta obra no ha sido del
beneplácito de los científicos pero la fe de mi abuela ha
convencido a todos los creyentes habidos y a los que
vendrán a través del tiempo y de su historia, que de breve
nada tiene. Es eterna, como Dios.