Agua nuestra, que estás en la tierra, líbranos del mal de tener que
importar témpanos marcianos a una tierra sin bosques que se enfermó con la
lepra del desierto...
Agua nuestra que estás en la tierra,
Santificados sean tus manantiales, tus mantos y tus corrientes, tus
lluvias y tus témpanos, tus océanos y tus trombas, tus mansas
lloviznas y tus granizadas.
Venga a nosotros el reinado de tu transparencia y tu diafanidad, de
tu frescura y de tu limpidez.
Que se haga tu presencia así en la aridez de la tierra como en el
cielo sin nubes.
Danos hoy nuestros tragos de cada día, la líquida humedad que
ahuyenta la sed.
Y perdona, agua nuestra, nuestras contaminaciones y nuestros
desperdicios, como también nosotros perdonamos tus inundaciones y tus
maremotos.
No nos dejes caer en la tentación de sustituirte con cervezas y
refrescos, con vinos y licores, con líquidos penetrados de cafeína y
ácido fosfórico.
Y líbranos del mal de tener que entregarte a los texanos, dejando a
medias los tambos y las ollas de barro de nuestros ejidatarios.
¿Puede acaso compartirse lo que no se ha llenado?
¡Se debe cobrar al río y no a la presa! Si el río no entrega
¿qué puede la presa aportar?
. Mucha agua ha llegado contaminada de los rumbos que ahora esperan
aguas translúcidas de acä.
¿Se acepta terrón en lugar de cubetada?
Ahora las botellitas están en muchas manos y los garrafones siguen
buscando comedores y cocinas, pasillos de hoteles y rincones de
oficinas públicas.
Pero siguen creciendo las telarañas en algunas llaves cerradas o se
tiene sólo goteo donde podrían esperarse chorros a presión.
No es potable el petróleo.
¿ Desalinará el milenio las aguas del mar? O inventará finísimos
embudos, abiertos a los nubarrones, para llenar aljibes gigantescos? O
llegará la sed-una a ser más homicida que la hambr-una?
Agua nuestra, que estás en la tierra, líbranos del mal de tener
que importar témpanos marcianos a una tierra sin bosques que se
enfermó con la lepra del desierto...