Se aprueba en Cataluña una ley de conciliación de la vida laboral y familiar

Ignasi Miranda

Ya hace muchos años que los políticos de todo el mundo cantan públicamente aquella frase que dice ''la mujer no puede estar marginada porque pueda ser madre''. A pesar de la lentitud en la aplicación práctica de una idea así, vamos mejorando poco a poco.

El Parlamento de Cataluña aprobó el miércoles 17 de abril, por unanimidad, un proyecto de ley de conciliación de la vida laboral y familiar que ha entrado en vigor el 1 de mayo. La nueva normativa prevé que los 205.000 trabajadores que dependen de la administración catalana, las universidades, los ayuntamientos y las diputaciones puedan reducirse en un tercio la jornada laboral manteniendo el sueldo íntegro durante los ocho meses posteriores al permiso de maternidad o de paternidad. Por otra parte, también podrán reducir su jornada en un tercio o a la mitad para atender a los hijos menores de seis años o discapacitados, en este caso manteniendo respectivamente un 80 y un 60 por ciento de la retribución. Esta ley, pionera en España, que pretende favorecer la natalidad en Cataluña y hacer compatible la condición de padre y madre con el trabajo, puede ser un referente muy interesante para muchos otros lugares del mundo.
La media en Cataluña es, en estos momentos, de 1,2 hijos por pareja. Ciertamente, en muchos casos, es la mentalidad anticonceptiva dominante en el mundo occidental la que influye en esta natalidad tan baja. Sin embargo, está claro que la falta de ayudas dignas por parte de la administración genera una comprensible preocupación de los padres y madres de familia a la hora de plantearse seriamente, desde la responsabilidad, la opción de limitar o espaciar el número de hijos con una regulación más o menos predeterminada o pactada.
A pesar del consenso en el visto bueno de la cámara legislativa catalana, los grupos parlamentarios de la oposición lamentaron que la ley no afecte a toda la sociedad sino solamente a los trabajadores de la administración pública o funcionarios. La consejera de Gobernación y Relaciones Institucionales del gobierno catalán, Núria de Gispert, comentó durante el debate que estas medidas ''no pueden imponerse a las empresas'', sino pactarse en la negociación colectiva. En esta línea, mostró su esperanza, compartida por todos los diputados, de que el proyecto aprobado genere un debate en el ámbito privado sobre la conveniencia de aplicarlas.
La previsión de la Generalitat es que, en el caso de la reducción de la jornada laboral durante un año por el nacimiento de un hijo, la administración se gastará 19,83 millones de euros anuales, siempre que haya tantas solicitudes como en el año 2001, que fueron 1.231 (50 hombres). El número de permisos por maternidad llegó a 3.296.
Aparte del gasto público, una medida como ésta hará que, dentro de la organización laboral de muchas empresas, se plantee la aplicación de la normativa de forma solidaria. Muchos se preguntan: ¿Quién llenará el tercio del horario laboral que perderá la persona que haya tenido un hijo? Quizás el esfuerzo del resto de compañeros, en muchos casos, puede minimizar el impacto económico también en el sector privado, un hecho que animará a muchos empresarios a tener en cuenta la nueva ley de conciliación de la vida laboral y familiar.
Empresas que ya tienen en cuenta a la familia
Como ya publicó E-Cristians el 14 de febrero de 2002 (Empresas que tratan bien a las mujeres, hay en estos momentos varias empresas que consideran la condición de padres y madres de familia que tienen muchos de sus trabajadores. Es el caso de Vodafone, la segunda operadora de telefonía móvil en España, que permite a las embarazadas estar de baja dos semanas antes del parto o acogerse a una ayuda de 60 euros mensuales para guardería; la multinacional Dupont, que permite trabajar cuatro días a la semana y cubrir los gastos de un centro educativo en caso de viaje urgente; o los supermercados Mercadona, que disponen incluso de espacio para los niños.
En muchos casos, las facilidades que dan sociedades como éstas se basan en la discriminación positiva de la mujer, que en el caso de Vodafone representan el 40 por ciento de la plantilla. Quizás el problema es que las iniciativas, positivas y elogiables, no consiguen siempre conciliar la vida pública con la privada o familiar de los trabajadores, ya que a menudo facilitan que sólo sean las mujeres quienes se ocupen de la familia. Evidentemente, el otro gran problema, el de la discriminación con sueldos muy inferiores para las mujeres, requiere soluciones de mucha mayor urgencia.
Ya hace muchos años que los políticos de todo el mundo cantan públicamente aquella frase que dice ''la mujer no puede estar marginada porque pueda ser madre''. A pesar de la lentitud en la aplicación práctica de una idea así, vamos mejorando poco a poco.
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