De tibieza en tibieza al status tibio

Prisciliano Hernández Chávez

“Conozco tu obras y no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! pero eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte de mi boca”. (Ap 3,16).

“Conozco tu obras y no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! pero eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte de mi boca”. (Ap 3,16).
La tibieza parece ser el indicador global de una humanidad harta de radicalismos maniqueos de blanco o negro. Ahora se prefieren los tiernos y candorosos colores pastel cuyos límites no se perciben del todo porque parecen blancos sin serlo y porque carecen de límites tonales francos. Lo que sería excelente en el mundo de los colores ,a fuer de pasión estética , no lo es en el campo de los comportamientos humanos, los cuales no pueden ser por sí mismos paladinamente neutros: no existe ética en la “mediócritas” a pesar de la filosofía del “como si” de Vainhinger, ni mucho menos teología, por aquello del Apocalipsis y como la Escritura Santa es el “alma de toda la teología” pues metodológicamente queda descartada, aunque existan filósofos y teólogos mediocres; pero esto es asunto cuantitativo de la sociología tan necesaria en estos tiempos para saber quiénes somos y hasta dónde hemos llegado. Así se podrá exclamar el liberante “qué barbaridad” o se podrán tomar medidas apostólicas y trasformar la realidad, a fuerza de pasión evangelizadora.
Por la contaminación de los hidrocarburos, el plomo patina nuestras ciudades amenazante sobre la flora y la fauna, como el gris los espíritus encarnados o lo que tenemos de alma los humanos por la cual somos exactamente personas. Si tragedia es la primera, la segunda es hipertragedia.
No se puede poseer el estatuto humano si pontificamos la tibieza: ni muy buenos ni muy malos o medio buenos y medio malos; estas mixturas son vomitivas en las dimensiones divinas, por más que el liderazgo parezca antigregario y antidemocrático. Juan Salvador Gaviota en esta sociedad gris, sería más gaviota que Juan o Juan no remontaría el vuelo de gaviota por falta del oxígeno de la trascendencia.
En las Olimpiadas o en el fútbol -aunque apadrinadas por el comercio, al fin competencias- nos quedamos en el "ya merito" de las medallas y de los goles, porque no existen las convicciones que toquen las fibras de la grandeza. Mejor nuestros hermanos discapacitados poseyeron el coraje del espíritu para remontar sus limitaciones: lección emocionante ésta, las circunstancias y los demás no son el pretexto de nuestros fracasos, sino el alma enferma y tonal de grises, por más que estos valgan en la digitalización computacional para aumentar lo pequeño a nuestros ojos.
Que un Abad le tema a la pobreza aunque Dios exalte a los humildes o a la aparición de la Reina de los Astros a pesar de la evidencias científicas, es tibieza, como la incongruencia de permanecer en el cargo. Magnificar reformas políticas de pasito “tun tun”, cuando las situaciones críticas de nuestro país requieren valentías y valientes -no terroristas cobardes- de grandes cambios para grandes remedios, es anclar al pueblo a la desesperanza y colocarlo al borde de la violencia suicida: eso es tibieza magna o magna tibieza.
Denunciar nuestros males, sin la apertura al Espíritu Santo vivificador de nuestros huesos o ser cristiano a medias por temerle a la radicalidad del Señor de la Historia quien es Jesús el Mesías el hijo del Padre y de Santa María y que nos invita a recrear en El y por El todas las cosas desde su estilo, es tibieza. Pretender en la practica que Dios se humanice a medias, no del todo humano, además de herejía es un insulto para su amor que no tiene límites salvo nuestra tibieza. Se hizo plenamente Hombre sin dejar de ser lo que es:” Dios de Dios, Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, de la misma naturaleza del Padre...”porque nos toma amorosamente en serio. ¿Cuándo nos tomaremos amorosamente en serio al Padre para vivir su proyecto original, o al Hijo para retornar al Padre o al Espíritu Santo para gozar la comunión humano-divina hasta la conmoción de la entrega alegre, generosa y no menos que sufriente?
¿Cuándo nos tomaremos amorosamente en serio al Santo Padre Juan Pablo II quien ha tapizado de enseñanzas y ejemplos como campeón de la fe y del humanismo cristiano nuestro horizonte cultural y religioso a las puertas del tercer milenio? ¿Cuándo nos tomaremos en serio a nuestros Obispos que día a día nos guían para construir la civilización del amor a pesar de la barbarie que nos amenaza? ¿Cuándo nos tomaremos amorosamente en serio, la evangelización,la liturgia, la caridad, la esperanza, nuestro pasado, nuestro futuro, nuestro presente?
Los dogmas economicistas del capital como el positivismo legal no se pueden privilegiar sobre los seres humanos que son los destinatarios de los bienes de la creación y los que han dado sentido a la gesta de salvación: la economía para el hombre, la ley para el hombre, la ciencia para el hombre y no viceversa.Renunciar a nuestra doctrina social cristiana por las” american politics” , amén de renunciar a nuestra tradición cultural cristiana será tanto como admitir el neocolonialismo económico y cultural del status tibio.
Cuando sea nuestra la generosa entrega de Jesús el Mesías y digamos con el profeta Jeremías “me sedujiste Señor y me dejé seducir” será el principio del triunfo, será el irrumpir del Espíritu Santo en nuestras almas para hacer nuevas todas las cosas o simplemente para vivir el proyecto original del Padre, viciado por el egoísmo y envilecido hoy por nuestras tibiezas.
¿Cuándo nos tocará el corazón la grandeza de Dios para agotarnos por su gloria que es “el hombre viviente”? Sólo así teminará la pesadilla y las horas inaguantables; porque habremos encontrado nuestra logoterapia, como el tesoro escondido o la perla buscada por los hombres y mujeres grandes, de nuestro santoral y de tantos y tantos hermanos nuestros ,santos sin retablo ni reflectores de Hollywood.
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