Monjitas
Miguel Rivilla San Martín
Esta palabra, así en diminutivo, tiene resabios de un cierto
paternalismo trasnochado, propio de otros tiempos.
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- Resulta de lo más cursi y empalagoso el escuchar o leer en los
medios de comunicación, al dirigirse a las religiosas, el
término “monjitas”. Esta palabra, así en diminutivo, tiene
resabios de un cierto paternalismo trasnochado, propio de otros
tiempos. Además de expresar una notoria simpatía, no exenta, por
lo general, de cierto infantilismo, ingenuidad o protección hacia
ellas, -cariño mal entendido-, se las venía considerando como
personas frágiles ,inferiores, o ajenas a los problemas humanos y
sociales del mundo en que vivían.
- Los tiempos han cambiado. En nuestra sociedad igualatoria, hasta
las chicas de 13 y 14 años, desean ser tratadas como personas
adultas. No soportan las discriminaciones nominales, que pueden
indicar inferioridad, infantilismo o proteccionismo. Pues bien,
parece que el único colectivo social a quien se sigue aún
discriminando con el diminutivo, es el de las monjas ,religiosas,
hermanas o consagradas a Dios.
- A nadie-en ningún medio- se le ocurre escribir o decir
públicamente por ejemplo: las maestritas, las viuditas, las
mediquitas, las empleaditas etc..Sólo a las monjas.¿Por qué, si
ellas mismas lo rechazan?.
- En el fondo es que existe un gran desconocimiento de lo que son,
hacen y representan las monjas en la sociedad actual y en la
Iglesia. Están tan capacitadas o más como cualquier otro
colectivo social por su titulación, por sus puestos de
responsabilidad, además de su ejemplo y santidad para ser
tratadas como personas adultas. Menos, pues, diminutivos de “monjitas”
y más consideración humana, religiosa y social.
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