Rescate del patrimonio

Prisciliano Hernández Chávez

Porque el hombre es  imagen y semejanza de Dios. De Dios Padre, Artista y Creador. Creador y Artista.

En el oráculo de Delfos se leía esta leyenda recordada por Sócrates: «Conócete a ti mismo». Ése es el camino que ha iniciado el ser humano para desentrañar su propio misterio; no sólo es tarea de unos cuantos privilegiados sino ha sido labor de todos, de todos los tiempos, de todas las tendencias, filosofías y religiones. Conócete a ti mismo. Desde la comprensión inmediata de las cosas, desde la introspección y desde todo método analítico o sintético, el imperativo está ahí. Es insoslayable. Del desconocimiento de sí mismo pueden ocurrir fracasos en la vida personal, familiar, social o cultural. A veces la ciencia, la tecnología el humanismo y la fe se disocian de tal manera que no ofrecen una visión armónica e introducen al ser humano en la atomización de posturas o en la sinrazón de la existencia. Si sólo se percibe la dialéctica de la materia o la lucha interior de un mundo irracional o el evanescente fideísmo en la exclusión del otro por ideologías iluministas del hombre por hombre tornadas en el homo homini lupus de Hobbes, se pierde la vía recta del conocimiento y se entra a esa selva boscosa, áspera y fuerte, cuando no violenta, de la cual nos habla el Dante al inicio de la Divina Comedia.
Homo est quodammodo omnia
No se puede poseer una visión unidimensional como la analiza Marcuse respecto de nuestra sociedad contemporánea, que olvide el caminar de antaño; ni tampoco el pasado por el pasado, ni interesa la tradición por la tradición. Nosotros amamos la historia porque la entendemos historia de la salvación; confesamos el Evangelio admirable de la encarnación del Hijo de Dios, acontecimiento por el cual el tiempo ya es una dimensión de Dios y lo humano entra a la esfera de lo divinamente digno; amamos la tradición en la Iglesia porque aceptamos con gozo la ofrenda de nuestros mayores, de sí mismos, de todo aquello que viene a constituir hoy el patrimonio cultural y religioso que nos legaron; rescatar parte de éste es una obra que ennoblece a quien lo realiza. Por el rescate del patrimonio se ofrece el homenaje agradecido de quienes no deseamos que sean muertos olvidados en el panteón secularizado; deseamos que sigan viviendo entre nosotros. El inmediatismo posmoderno, el soma del Mundo Feliz de Aldous Huxley , reducen el ser humano a una caricatura de sí, pues, como reza el título de la tesis doctoral de Jordi Girau Reverter, homo quodammodo omnia. En su visión antropológica de la doctrina de santo Tomás se ofrece la visión totalizante del hombre a quien se presenta «a modo de todas las cosas». Es el hombre esa pequeña gran síntesis del universo, el microcosmos. Por ello mirar nuestro pasado es contemplar nuestro rostro un poco en el espejo de la cultura para saber más de nosotros mismos. Contemplar la pintura, la escultura, la arquitectura, en una palabra las artes, es profundizar más en nuestro misterio. Percibimos a través del camino de lo bello, sin olvidar otras vías como la bondad y la verdad, que nos llevan al encuentro con el Absoluto, suma verdad,suma bondad, suma belleza. Porque en una obra, según su objeto formal, puede ser diversa la óptica según la cual se contemple, aunque sea la misma materialmente considerada. Para algunos será simplemente cultura o pieza de un museo; para otro, ente económico; para otro, el alma de las cosas, o la exuberancia cromática, o la pintura que el espíritu escucha como cadencia sin sonido (Keats); para otros, si se trata de una obra sacra, se percibe el paso de Jesús de Nazaret por el corazón del artista y de una comunidad creyente. A través de la obra de arte se eleva el espíritu hacia Dios y se confiesa su gloriosa encarnación y su acción recordada en sus santos, en quienes pervive; ellos son su mejor legado.
El hombre quodammodo omnia hace presente en sí a todo ser humano y nos habla en su condición de persona que es interpersona (Buber), y que ha de ser responsable del otro, del tú, que no tiene límites.
Por eso el rescate solidario es empresa común. Rescatar el pasado, rescatar el arte de ayer, es amarnos a nosotros mismos; es descubrir nuestra identidad; es posibilitarnos para enfrentar los retos del tercer milenio en donde, existiendo el respeto a todos, se confiese la grandeza de la dignidad y trascendencia de la persona humana quien es susceptible de una vida armónica y de comunión a cuyo servicio esté la ciencia y la tecnología, el humanismo y la fe. Porque el hombre es quodammodo omnia; mejor todavía: imagen y semejanza de Dios. De Dios Padre, Artista y Creador. Creador y Artista.
 
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