- Si se habla de desarrollo hay que ver cuál es la dirección
semántica que se toma. Porque en algunas mentalidades hegemónicas
desarrollarse, aplicado a otros países, significa entrar en sus
propios condicionamientos, apoyar sus políticas y prosperar según
los planos reguladores de sus exclusivas conveniencias.
- Con una geopolítica exacerbada, se acentúa el concepto de zona
de influencia y sólo se permite un desarrollo que no interfiera con
los controles y las delimitaciones del secuestro zonal.
- El desarrollo de los dependientes se ve como una concesión
graciosa, como una certificación, como un premio o privilegio. Se
permite prosperar, aprovechando oportunidades que se brindan,
siempre que el dócil cabestreo impida la horca.
Se permite crecer, no según los propios genes culturales y las
peculiaridades seminales de cada pueblo sino de acuerdo a los
enrejados que ya están puestos por los poderosos para que se
extienda la enredadera domesticada de su desarrollo.
- No se observa la organicidad, por eso las macroeconomías son como
tinacos en la azotea, que sólo permiten escaso goteo en las llaves
apretadas de la distribución. La disciplinas impuestas por Fondos y
Bancos globalizadores producen un desarrollo monstruoso en los
países que viven de prestado, como eternos contribuyentes y
subvencionadores de los grandes capitales internacionales.
- No todo es crecer, en un verdadero desarrollo. Si, por intereses
exclusivos, se imponen modelos y se programan áreas, ritmos de
avance y cuotas de utilidad, se perturban las proporciones internas
de los más débiles y se producen elefantiasis al lado de
raquitismos y se ahondan las brechas entre los voraces y los
despojados.
- Se puede aplaudir ingenuamente al escuchar la palabra desarrollo y
tomar, como buena noticia, la aproximación de los que más han
acumulado, sin advertir que puede ser una danza con lobos con el
riesgo de ver, como parte, lo que es sólo sobra y tomar como
progreso lo que sólo es sometimiento.
- El desarrollo programado por los desenrollados se basa en esa
trágica competitividad de la mano de obra barata que convierte a
los eternos subdesarrollados en Taiwanes a lo bestia, con una
maquila que los hace correr tras la falsa presa inalcanzable, en el
galgódromo de la usura internacional.
- En el diccionario hegemónico, el desarrollo suele entenderse como
un negocio lucrativo de los desarrollados para que muchos, sin
desarrollo, quieran tener un poco más, pagando siempre y con
intereses, a los que más tienen...
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