Falso desarrollo

Luferni

¿Qué diccionario se usa? No siempre los mismos términos tienen los mismos significados.

Si se habla de desarrollo hay que ver cuál es la dirección semántica que se toma. Porque en algunas mentalidades hegemónicas desarrollarse, aplicado a otros países, significa entrar en sus propios condicionamientos, apoyar sus políticas y prosperar según los planos reguladores de sus exclusivas conveniencias.
Con una geopolítica exacerbada, se acentúa el concepto de zona de influencia y sólo se permite un desarrollo que no interfiera con los controles y las delimitaciones del secuestro zonal.
El desarrollo de los dependientes se ve como una concesión graciosa, como una certificación, como un premio o privilegio. Se permite prosperar, aprovechando oportunidades que se brindan, siempre que el dócil cabestreo impida la horca.
Se permite crecer, no según los propios genes culturales y las peculiaridades seminales de cada pueblo sino de acuerdo a los enrejados que ya están puestos por los poderosos para que se extienda la enredadera domesticada de su desarrollo.
No se observa la organicidad, por eso las macroeconomías son como tinacos en la azotea, que sólo permiten escaso goteo en las llaves apretadas de la distribución. La disciplinas impuestas por Fondos y Bancos globalizadores producen un desarrollo monstruoso en los países que viven de prestado, como eternos contribuyentes y subvencionadores de los grandes capitales internacionales.
No todo es crecer, en un verdadero desarrollo. Si, por intereses exclusivos, se imponen modelos y se programan áreas, ritmos de avance y cuotas de utilidad, se perturban las proporciones internas de los más débiles y se producen elefantiasis al lado de raquitismos y se ahondan las brechas entre los voraces y los despojados.
Se puede aplaudir ingenuamente al escuchar la palabra desarrollo y tomar, como buena noticia, la aproximación de los que más han acumulado, sin advertir que puede ser una danza con lobos con el riesgo de ver, como parte, lo que es sólo sobra y tomar como progreso lo que sólo es sometimiento.
El desarrollo programado por los desenrollados se basa en esa trágica competitividad de la mano de obra barata que convierte a los eternos subdesarrollados en Taiwanes a lo bestia, con una maquila que los hace correr tras la falsa presa inalcanzable, en el galgódromo de la usura internacional.
En el diccionario hegemónico, el desarrollo suele entenderse como un negocio lucrativo de los desarrollados para que muchos, sin desarrollo, quieran tener un poco más, pagando siempre y con intereses, a los que más tienen...
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