Les cortaron la cabeza, las metieron en bolsas plásticas, las tiraron
cerca de un mercado popular y dejaron junto a ellas la advertencia: ¿Esto
es lo que sucederá a aquellos que no crean en Alá?.
Les cortaron la cabeza, las metieron en bolsas
plásticas, las tiraron cerca de un mercado popular y
dejaron junto a ellas la advertencia: ¿Esto es lo que
sucederá a aquellos que no crean en Alá?. Quienes no
creían en Alá eran dos predicadores protestantes,
concretamente testigos de Jehová, que andaban por
Filipinas predicando su creencia. Así que se trata de un
capítulo más de esta nueva religión llamada fanatismo,
porque no creo yo que un Dios, con mayúscula, el nombre es
lo de menos, pueda inspirar a sus adoradores esta forma de
rezar.
Mal que nos pese, tenemos que aceptar esta nueva
realidad. Las religiones, todas, han caído en la mira de
fanáticos, quienes las convierten en excusa para fines que
no son religiosos. Y estos individuos que decapitaron a
los dos predicadores en Filipinas no son religiosos ni
representantes de Dios alguno, y estoy convencido que ni
siquiera creen en lo que dicen creer; son guerrilleros o
como se les quiera llamar, que obedecen a consignas
político pseudoreligiosas de sus jefes.
El grupo guerrillero se autodenomina Abu Sayyaf,
dicen que se trata de uno de los más sanguinarios de los
grupúsculos que operan en Filipinas. Y debe de ser cierto:
decapitar en la forma en que lo hicieron y por la razón
que lo hicieron, y hacer propaganda popular con las
cabezas de los dos predicadores, asegurando que ¿esto es
lo que sucederá a aquellos que no crean en Alá?, es para
temer.
Para secundar su causa, secuestran, cobran por los
rehenes, es decir, extorsionan, y sus preferencias son los
turistas que acuden a la belleza de Filipinas y los
religiosos. No sé cómo puede hacerse proselitismo de esta
manera, pero estos grupos han elegido la despiadada
violencia como instrumento de su predicación.
El gobierno del presidente Bush ya les ha encontrado
identificación. Se asegura en Washington que se trata de
un grupo perteneciente a la red terrorista de Osama Bin
Laden. Puede ser, porque en estas cosas los gringos
todavía no acaban de aclararse. Pero puede ser, pues la
forma de ejercer la profesión suicida es muy semejante.
Matar es su mandamiento y no importa quien caiga, y
utilizar la psicología del terror para conseguir su
propósito es su catecismo.
Pues en estas andamos. Hoy ya cualquiera puede ser
mártir a manos de los adoradores de una religión que
carece de Dios y de sentimientos. Todo aquel que no crea
en ese fanatismo se ha convertido en ateo y por ende en
una posible víctima para el martirio.