La autorregulación supone que no se codifica ni se estatuye un control
por multas y castigos sino, desde dentro, los medios establecen su propio
código y buscan una observancia virtuosa que no necesita recompensas ni
sanciones.
Es como la autonomía.
No esperar a ser regulado, sometido a reglas, a reglamentos sino
darse sus propias reglas, con bases éticas.
Radio y televisión decidirán qué sí y qué no. Tendrán una
jerarquía de valores que tratarán de respetar. Tendrán su propia
rienda con freno bajo la lengua para saber cuándo acelerar y cuándo
frenar.
No se necesitarán semáforos externos. La aurorregulación hará
los altos convenientes, se moderará sin ámbares de precaución y
encenderá sus propias luces rojas cuando haya que detenerse. La
influencia de estos medios en la comunidad exigirá que los valores se
antepongan a los intereses. Esa será la prueba de fuego para que la
regla no se contamine.
¿Quién regulará a los reguladores? ¿Podrá subrayarse todavía eso
que se llama conciencia social? El autogobierno es una madurez cívica
que bien puede estrenarse en estos medios porque pueden ser
manipuladores, corruptores, difamadores y contaminadores.
La autorregulación supone que no se codifica ni se estatuye un
control por multas y castigos sino, desde dentro, los medios
establecen su propio código y buscan una observancia virtuosa que no
necesita recompensas ni sanciones.
Principios, valores, virtudes son una excelencia humana que antepone
el espíritu a la ley. La autorregulación debe cultivarlos para
producir los frutos que la hagan un árbol confiable.
La calidad humana, la responsabilidad, la recta conciencia y el
sentido social provienen de la nobleza de espíritu de un humanismo
integral. Esa es la vocación de todo ser humano. En épocas de
permisividad y de laxismo, de deshumanización y de ramplonería, el
nivel ético, que haga posible la autorregulación, se ha convertido
en excepción tan notable como un garbanzo de medio kilo...
Y es que esto de la libertad de expresión prefiere el riesgo de
abuso que la mordaza. A querella de parte ofendida podrá sancionarse
lo que no prescriba una ley punitiva. Con hechos consumados y derechos
conculcados podrá recibir castigo el comunicador que no puso en juego
la autorregulación.
Así avanza el asunto que tiene que ver con libertad y con
libertinaje, con censura o con sanción...