Multitudinaria manifestación mariana en Azogues

Antonio Modernell Mateu

Junto a monseñor Jacinto Zaráuz, obispo de la diócesis de Azogues, provincia de Cañar, millares de fieles católicos renovaron la consagración al Inmaculado Corazón de María.

 QUITO, junio 9 de 2002.- Junto a monseñor Jacinto Zaráuz, obispo de la diócesis de Azogues, provincia de Cañar, millares de fieles católicos renovaron la consagración al Inmaculado Corazón de María.
Azogues, capital de la provincia de Cañar, en la sierra austral de Ecuador, fue consagrada al Inmaculado Corazón de María en 1892 por el Pbro. José Julio Matovelle, cuando esta ciudad pertenecía a la diócesis de Cuenca.
En 1969, Azogues al ser erigida como diócesis por Papa Pablo VI, el Papa lo hizo reconociendo solemnemente, en cuanto Sumo Pontífice aquella consagración que realizara el Pbro. Matovelle, a fines del siglo XIX.
Monseñor Zaráuz obispo de Azogues propició una masiva renovación de la consagración de toda la diócesis, por ocasión de la visita de la imagen del Inmaculado Corazón de María que fuera conducida por los Heraldos del Evangelio, asociación de fieles de derecho pontificio.
“Oh Corazón Inmaculado y Dulcísimo de María, a quién se halla consagrada esta diócesis, como a soberana reina, abogada y Madre: tú, trono de la eterna sabiduría, casa de oro y templo del Espíritu Santo; pues, ya somos tuyos y te pertenecemos para siempre, enséñanos a servir y amar como debemos al Corazón amantísimo y adorable de tu Divino Hijo para que correspondamos como debemos a la gracia envidiable y sublime de nuestra vocación de cristianos”, dijo monseñor Zaráuz en su homilía.
Los días sábado 8 y domingo 9, acudieron multitudes a la Catedral de Azogues para, en unión con su pastor dedicarle sus vidas a María Santísima. La imagen fue despedida en la tarde del domingo con una gran procesión por las calles aledañas a la plaza central de la ciudad.
Por su parte, el padre Polibio Carrasco, párroco de la Catedral comentó, con gran alegría, que estos dos días habían sido de una demostración desbordante de fe cristiana y sobre todo mariana por parte del pueblo de Azogues. “Que este impulso de fe no sólo se mantenga sino que vaya en aumento. Nos deja muy contentos, como clero ya que este tipo de acontecimientos revitalizan todo el trabajo de la Nueva Evangelización, impulsada por nuestro querido Papa Juan Pablo II”, enfatizó.
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