El poder de la opinión pública

Cristina Ferrer - www.masalto.com 

Si la Opinión Pública se organiza y exige respeto a sus derechos, deja de ser esa “masa anónima de personas” fácilmente manipulada por los medios masivos de comunicación. ¿Por dónde empezar?

 Si la Opinión Pública se organiza y exige respeto a sus derechos, deja de ser esa “masa anónima de personas” fácilmente manipulada por los medios masivos de comunicación. ¿Por dónde empezar?
A ningún padre de familia le gustaría que el cadáver de uno de sus hijos, con el cráneo reventado en plena calle, sea expuesto una y otra vez en los noticieros de la televisión. Ni que el rostro de su hijo muerto se imprima ¡a todo color! en la primera plana del periódico que se vende en cada esquina. O que se repita , cual spot publicitario, la secuencia del accidente en la que el pequeño pierde la vida.
Resulta difícil encontrar a alguien que no se violente internamente cuando los medios de comunicación introducen, literalmente, “basura” a sus propias casas. O que no sienta una enorme impotencia cuando, ante cualquier queja sobre lo que entregan los responsables de los medios, éstos se limiten irónicamente a enarbolar el supuesto derecho a “no ver o escuchar ese programa; o dejar de comprar tal o cual periódico...”
¿Es esto realmente lo que se denomina “libertad de información” o “libertad de expresión”?
Pues sí y no.
Derechos y deberes del informador
Una sociedad sí tiene el derecho a recibir información veraz, en forma libre y oportuna. Toda persona, también, tiene derecho a decir lo que piensa. “Estoy en completo desacuerdo en tus ideas, pero daría mi vida por defender tu derecho a exponerlas”, decía Voltaire, el enciclopedista francés, allá por el siglo 18.
Pero... sí, hay un pero. La libertad no es ilimita ni unidireccional. Es al menos, lo que sostienen las corrientes de pensamiento que defienden la prensa libre como un derecho inalienable. Y, aunque sostienen que la libertad de información y de expresión jamás debe ser coartada por el Estado con leyes de “censura” o “mordaza” (autocensura por medio a la sanción penal), sostienen con la misma firmeza el principio de “la responsabilidad posterior” de los comunicadores y del Medio de comunicación.
Es decir, sí se puede decir, opinar e informar todo lo que se quiera. Pero con el deber de hacerlo respetando a quien se sirve con esa información: el público.
Creer que el público es sólo una “masa manipulable” por quienes tienen el control de los Medios (dueños, directores, editorialistas o periodistas) es caducar al derecho de exigir de quienes tienen la responsabilidad social de informar, que su deber es entregar un servicio público precisamente al público.
De eso se trata cuando se habla de formar Opinión Pública.
Los Consejos de Prensa
En concreto, este concepto es conocido como “autorregulación de la actividad informativa”. Y además de ser un concepto que actualmente se empieza a debatir en México entre los propietarios de los medios de comunicación y agentes gubernamentales, la verdad es que la autorregulación es, también, un instrumento de la sociedad para garantizar que los informadores no abusen de su poder.
En países como Gran Bretaña y Francia, entre otros, existen los llamados Consejos de Prensa.
Integrado exclusivamente por miembros de reconocido prestigio ético en la sociedad (Rectores de Universidades, Jueces o abogados de renombre, Defensores del Pueblo, Comunicadores y representantes de los dueños de los medios) estos consejos sesionan periódicamente, atendiendo las quejas de cualquier ciudadano que se siente violentado en su derecho a recibir una información veraz y oportuna. O que siente lesionado su credibilidad o insultado en alguna de sus creencias personales.
Los Consejos de Prensa, dado su alto prestigio social, emiten juicios y sanciones que deben ser difundidas por el medio o comunicador involucrado. Además, publican sus decisiones en revistas mensuales.
La sanción es moral, no penal, hay que decirlo. Pero el peso del Consejo es tal, que ningún medio de comunicación o comunicador que se precie de tal, desea ser sancionado por una falta de ética profesional. ¡Y que todo mundo se entere!
Poco a poco, esta toma de conciencia de la sociedad a su derecho de exigir una “buena prensa”, que informa, educa y también -no es excluyente- entretiene, ha llevado a los mismos medios a mantener y reproducir al interior de su propia organización, la institución de los Consejos de Prensa.
Es decir, contratan a personajes independientes que “defienden” los derechos de los consumidores del producto (radio, prensa o TV), atendiendo las quejas y preocupándose de exponer la disculpa o aclaración pertinente en el mismo espacio y horario en que la ofensa fue difundida. ¿Se imaginan?
Y estamos hablando de ofensas personales, no sociales. Cualquier ciudadano con iniciativa, puede recurrir a estos consejos para señalar que tal o cual programa ofendió sus creencias. O que tal fotografía en primera plana, repetida esquina tras esquina mientras los niños van en el coche rumbo al colegio, lesiona las mentes de los menores. Y que, aunque como padres tenemos el derecho a “no verlas”, es imposible llevar a los niños ¡vendados!.
No es utópico ni irreal lo que aquí se propone. Simplemente, es una forma de reconocer que la Opinión Pública, organizada, puede ser tanto o más poderosa que los hasta ahora, hiper poderosos e irresponsables medios de comunicación.
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