El Papa trabaja en un documento sobre la Eucaristía

Jesús Colina

Juan Pablo II, a sus 82 años y pese a los achaques, sigue soñando: desde hace unos meses está trabajando en un documento magisterial en el que quiere sintetizar los grandes temas de su pontificado en relación con la Eucaristía.

 Para Juan Pablo II, la presencia real de Cristo en el sacramento eucarístico no sólo recorre cíclicamente -método teológico-filosófico básico en el pensamiento de Karol Wojtyla- la serie de trece encíclicas que abrió en 1979 con Redentor del hombre (Redemptor hominis), sino que además marca la pista decisiva para el futuro de la Iglesia.
Como él mismo explica en su carta programática para inicios de este siglo y milenio, la Novo millennio ineunte (n. 35), «estamos entrando en un milenio que se presenta caracterizado por un profundo entramado de culturas y religiones incluso en países de antigua cristianización. En muchas regiones los cristianos son, o lo están siendo, un pequeño rebaño. Esto les pone ante el reto de testimoniar con mayor fuerza, a menudo en condiciones de soledad y de dificultad, los aspectos específicos de su propia identidad».
La Eucaristía dominical -explica-, que congrega semanalmente a los cristianos como familia de Dios en torno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión».
Se trata de volver a los rasgos profundos del estilo de vida de los primeros cristianos, que en el Imperio Romano tuvieron que afrontar desafíos parecidos a los que interpelan al cristiano de hoy: una sociedad multiétnica, multirreligiosa, y multicultural.
El domingo pasado, con motivo de la solemnidad del Corpus Christi, el Pontífice lo explicaba con estas palabras: «Desde los inicios, desde la primitiva comunidad de Jerusalén, los cristianos se reunían en el día del Señor para renovar, en la santa misa, el memorial de la muerte y resurrección de Cristo. El domingo es el día del descanso y de la alabanza, pero sin la Eucaristía se pierde su verdadero significado».
Por este motivo, al inicio del nuevo milenio ha propuesto -recordó-, «como nuevo compromiso pastoral prioritario, la revalorización del domingo y, en él, de la celebración eucarística: deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente».
El tiempo apremia. La agenda del Papa sigue tan llena como antes o más, y todo el mundo es testigo de que poco a poco sus fuerzas físicas se reducen. Él querría dedicar una encíclica, el documento doctrinal más importante de un Papa, al tema. Ahora bien, una encíclica requiere mucho tiempo. Por eso, según ha podido saber Alfa y Omega, posiblemente agilice la redacción, adoptando más bien la forma de Carta apostólica. Sería un documento doctrinalmente menos ambicioso (de hecho, a nivel doctrinal no hay mucho qué decir de nuevo), pero recogería toda la pasión de Karol Wojtyla por la causa por la que ha dado y sigue dando su vida cada día. La agencia Zenit ha podido confirmar en fuentes vaticanas que la redacción del documento, que en días pasados fue anunciado por el canal público de la televisión italiana RAI 2, se encuentra todavía en sus fases iniciales.
El documento sería, al mismo tiempo, la oportunidad para recoger de manera circular (característica propia del pensamiento de Juan Pablo II), las ideas de su pontificado, uno de los más prolíficos de la Historia. En sus casi 24 años de pontificado, este Papa ha publicado trece encíclicas, la última de ellas es la Fides et ratio (Fe y razón), de 14 de septiembre de 1998.
En su carta programática para la Iglesia de inicios de milenio, la Novo millennio ineunte, el obispo de Roma propone: «El mayor empeño se ha de poner en la liturgia, cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza.
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