El derecho fundamental del ser humano: la vida

Rosa Martha Abascal de Arton

El derecho a la vida, corresponde a la ley natural, es una ley no promulgada por el Estado, pero si reconocida por éste, pertenece y es inherente a la persona, por el hecho de ser persona.

 Hay tres leyes que el ser humano conoce:
1. Ley eterna: relación entre el hombre y Dios, la historia se explica a partir de una incesante búsqueda del hombre hacia Dios manifiesta desde las obras artísticas primitivas hasta nuestros días, todo esto por medio de la libertad y la negación del determinismo que trunca el futuro del Ser humano.
2. Ley natural: previa a la sociedad, inherente al ser humano que por el solo hecho de ser persona la tiene. Así como hay leyes que regulan la biología, la física etc. Hay leyes naturales que rigen los derechos de la persona. Lo reconoce así Cassin, principal autor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La persona nace con ciertos derechos surgidos del reconocimiento de su valor inherente, son derechos inmutables y no circunstanciales.
3. Ley positiva: realizada por el Estado conforme a las necesidades propias del pueblo. Las leyes sustanciales de cualquier ordenamiento jurídico son de derecho natural, como el derecho a la vida o a la educación, y las leyes accesorias son mutables con el tiempo y rigen la convivencia social.
Como podemos ver, el derecho a la vida, corresponde a la ley natural, es una ley no promulgada por el Estado, pero si reconocida por éste, pertenece y es inherente a la persona, por el hecho de ser persona.
El Estado, al reconocer este derecho, debe garantizar que la vida de los más débiles sea protegida contra la violencia de los más fuertes. Esto a partir de la “teoría de la suplencia”, que ya esbozó Sócrates, y que dice, que el Estado protege al débil porque la sociedad suple desigualdades e iguala desniveles y demuestra que es más feliz el fuerte adaptado a una sociedad en la que los débiles tienen dignidad que aquella en la que los esclaviza y domina pero pierde la relación de convivencia entre seres humanos.
Por lo tanto:
1. El aborto, la eutanasia y el suicidio, son violaciones al derecho a la vida y se ejercen contra débiles que no se pueden defender, que no razonan con lucidez y que tienen una desesperación extrema perdiendo su instinto de preservación.
2. “Los argumentos de que el aborto no es un atentado del derecho a la vida de otros, sino el ejemplo de un derecho al cuerpo que la mujer posee, no prevalece dado que es la propia naturaleza femenina la que la hace sostenedora del derecho a la vida de otros, y en el momento en el que el derecho se da, ya no es tan solo un titular solitario de su cuerpo, sino que pertenece también a su hijo y es el egoísmo el que la lleva a asesinarlo para hacer uso exclusivo de sus apetitos, caprichos, comodidad o cualquier otro motivo, lo que representa no respetar el derecho de otro que también es titular del cuerpo materno. Desde la concepción el cuerpo femenino pertenece a dos vidas y lo dirigen dos seres, madre e hijo, la madre no puede cometer un asesinato para quitar al hijo un derecho que posee al cuerpo materno, cualquiera que sea la conveniencia o motivo. El cuerpo ya no le pertenece por entero y el aborto representa un asesinato más un robo de la parte del cuerpo materno que pertenece al hijo engendrado” (José Carlos Graca Wagner)
3. El aborto no es una solución a la supervivencia o a la explosión demográfica por que otra forma de reducir la población sería eliminar viejos, inútiles o enfermos ya que no sirven, al estilo Nazi. El hombre no es una máquina social productiva.
4. Casi cualquier persona cuya madre pensó en abortarlos y decidió dejarlos vivir, agradecen la oportunidad de vivir y de realizarse como seres humanos.
5. Todos los métodos abortivos matan persona lenta, violenta y dolorosamente, ya sea quemado o descuartizando al feto sin anestesia.
Ante una reforma integral del Estado Mexicano que ha planteado el Presidente Fox, debería incluirse de forma tajante y definitiva el reconocimiento del derecho a la vida y su protección desde el instante mismo de la concepción.
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