El Dios "maluco"
Dios dispone de muchos trucos para despertar, aunque sea a destiempo, la
vocación.
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- Eso de meterse a cura o monja porque no hay otro
remedio es mala inversión. Al final, y posiblemente
también en el entretanto, se paga. Se vive en un mundo
irreal, prestado, no apto para lo que no es apto, no
deseado; se vive con un objetivo que no es el que se
pretendía, con un tipo de trabajo que tampoco va, con una
oración en los labios que no es para tales labios, o esos
labios no cuadran para tales oraciones. En definitiva, se
vive bajo una máscara, un encubrimiento, un autoengaño. Y
así, la vida no puede prosperar.
Porque, tampoco se trata de una conversión, aunque
sea de última hora, que eso también es válido.
Conversiones las ha habido, y las habrá, en buena lid, que
es cuando se cosechan los buenos resultados. Pero esta
historia que nos ocupa luce de poca seriedad o de
demasiada frustración, que suele ser lo mismo.
Se trata de dos hermanas, gemelas, y esa condición
ya trae emparejados muchos condicionamientos, no sólo
genéticos, también culturales. Dos gemelas rumanas que no
se han separado ni un día en su vida, que han compartido
juegos y juergas, estudios, sinsabores, alegrías, vestidos
y comidas, pero que no han podido compartir marido en
igualdad de condiciones, ahora quieren compartir a Dios en
igualdad de condiciones. Difícil se lo han puesto.
Es el caso que estas dos mujeres, Amalia una,
Micaela otra, treinta y cinco años, quieren hacerse monjas
en un monasterio cristiano ortodoxo del norte de Moldavia,
luego de haber malgastado quince años de sus vida gemelas
buscando cónyuges, también de su misma condición, es
decir, gemelos. Pero tales pretendientes no llegaron a su
medida: los posibles, cada uno quería vivir con la suya,
en su casa y en su localidad, que es precisamente esta
separación lo que no terminó de convencer a las muchachas.
Lo cual indica que la condición de gemelos tampoco es tan
determinante a la hora de los gustos y del hacer la vida,
tampoco es una dictadura genética. Al menos por el renglón
de los varones.
Amalia y Mirela han fracasado en el intento. Los
pretendientes examinaron la posible vida desde otra óptica
y, al parecer, llegaron a la conclusión de que estar
viendo siempre a la misma dos veces, oyendo a la misma dos
veces, y otras cosas a la misma dos veces era poco
rentable vitalmente.
Ahora Dios se las tiene que tragar, o eso es lo que
ellas pretenden. El argumento de las mujeres para adoptar
la decisión de refugiarse en un monasterio no deja de ser
peregrino: ¿Si Dios no nos ayudó a realizar nuestro sueño
es porque en este mundo nuestra misión es la vida
monástica?. Lo que quiere decir que Dios dispone de muchos
trucos para despertar, aunque sea a destiempo, la
vocación. Con estas dos rumanas se inventó el truco de
privarlas de maridos gemelos. ¡Qué maluco es Dios!.
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