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- Si en lugar de los miembros de la Academia sueca, que
concedieron en 1989 el Premio Nobel de Literatura, a nuestro
insigne y desaparecido Camilo José Cela (q.e.g.e.) , por
sus indiscutibles méritos literarios, se hubiese creado,
aquí en España, ayer mismo, un Jurado Popular para conceder el
Premio Nobel de Nobleza, entre los millares de excelentes mujeres,
que abundan también en nuestra patria; sin duda alguna, este
singular e insólito galardón, habría recaído, por unanimidad,
en la que fue su primera mujer, Dña Rosario Conde.
- En el programa de TVE 1 (30/1/02) conducido magistralmente por
Concha Velasco, tuvimos los telespectadores la oportunidad de oír
las sensatas y conmovedoras palabras de esta singular mujer. Toda
una señora, de pies a cabeza. Con sus ochenta y ocho años a
cuestas, habiendo gastado casi toda su vida para hacer feliz, con
su amor, fidelidad, comprensión, trabajo y entrega a quien la
llevó ante el altar, plenamente enamorada de el, se expresó,
públicamente, sin un ápice de amargura, resentimiento, envidia
ni ambición, respecto al que fue por cuarenta y pico años, su
marido y a la que fue su sustituta. Demostró una grandeza de alma
superior, una franqueza inigualable y una entereza de espíritu
fuera de serie.
- Sigan por doquier lloviendo elogios, ditirambos y loas, en
honor de nuestro extinto Premio Nobel. Quien esto escribe, con la
mayoría de los telespectadores, conmovidos, hemos dado ya el
Premio Nobel de la Nobleza ( ¡valor desconocido para muchos! )a
Dña. Rosario, la formidable esposa de don C.J.C y madre de su
único hijo.