Premio Nobel de nobleza

Miguel  Rivilla San Martín

Demostró una grandeza de alma superior, una franqueza inigualable y una entereza de espíritu fuera de serie.

 

 
Si en lugar de los miembros de  la Academia sueca, que concedieron en 1989 el Premio Nobel de Literatura,  a nuestro insigne y desaparecido  Camilo José Cela (q.e.g.e.) , por sus indiscutibles méritos literarios, se hubiese creado,  aquí en España, ayer mismo, un Jurado Popular para conceder el Premio Nobel de Nobleza, entre los millares de excelentes mujeres, que abundan también en nuestra patria; sin duda alguna, este singular e insólito galardón, habría recaído, por unanimidad, en la que fue su primera mujer,  Dña Rosario Conde.
En el programa de TVE 1 (30/1/02) conducido magistralmente por Concha Velasco, tuvimos los telespectadores la oportunidad de oír las sensatas y conmovedoras palabras de esta singular mujer. Toda una señora, de pies a cabeza. Con sus ochenta y ocho años a cuestas, habiendo gastado casi toda su vida para hacer feliz, con su amor, fidelidad, comprensión, trabajo y entrega a quien la llevó ante el altar, plenamente enamorada de el, se expresó, públicamente, sin un ápice de amargura, resentimiento, envidia ni ambición, respecto al que fue por cuarenta y pico años, su marido y a la que fue su sustituta. Demostró una grandeza de alma superior, una franqueza inigualable y una entereza de espíritu fuera de serie.
Sigan por doquier lloviendo  elogios, ditirambos y loas, en honor de nuestro extinto Premio Nobel. Quien esto escribe, con la mayoría de los telespectadores, conmovidos, hemos dado ya el Premio Nobel de la Nobleza ( ¡valor desconocido para muchos! )a Dña. Rosario, la formidable esposa de don C.J.C y madre de su único hijo.
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