6. Hoy también,
Inmaculada
Jose Ignacio Munilla Aguirre
Nuestro tiempo y nuestra cultura están especialmente
necesitados de conocer y vivir el tesoro que encierra el dogma de la
Inmaculada Concepción. Por ello nos atrevemos a proponer algunas de sus
aplicaciones más inmediatas:
Se cumplen hoy 150 años de la proclamación del dogma de
la Inmaculada Concepción por parte del Papa Pio IX: “La Virgen María fue
preservada del pecado original por singular gracia de Dios, en atención a
los méritos de Jesucristo”. Las circunstancias eclesiales, sociales y
políticas tan distintas del momento presente, podrían conducirnos al error
de pensar que estamos ante el aniversario de un mensaje obsoleto. Nada más
lejos de la realidad. Muy al contrario, nuestro tiempo y nuestra cultura
están especialmente necesitados de conocer y vivir el tesoro que encierra
este dogma mariano. Por ello nos atrevemos a proponer algunas de sus
aplicaciones más inmediatas:
* Realismo antropológico / naturaleza herida: La
consecuencia del olvido y la negación del pecado original, ha sido la
difusión de una antropología ingenuamente optimista. El hombre sería
considerado bueno por naturaleza; no tendría necesidad de purificar
ninguna tendencia desviada. La pedagogía habría de limitarse a fomentar la
espontaneidad del individuo. Para obrar bien, bastaría con ser auténtico y
natural, salvando los condicionamientos negativos de la sociedad.
Es verdad que la existencia y la esencia del pecado
original son un misterio, difícil de entender racionalmente. Pero mayor
misterio es todavía comprender al hombre sin partir de esa realidad. Lo
que la revelación bíblica nos enseña coincide con nuestra misma
experiencia. Descubrimos en nuestro interior una distorsión que nos
inclina al mal: hacemos por debilidad lo que no queremos, mientras que nos
resulta difícil finalizar nuestros propósitos. Por ello, una moralidad que
se cimienta sobre bases meramente naturalistas, condena al hombre a la
indignidad: venganzas, pereza, infidelidades, egoísmo, lujuria, avaricia,
etc...
En consecuencia, es necesario una armonización interior
para que el hombre llegue a desear lo que está de acuerdo con su propio
bien y con la voluntad de Dios. La aspiración a la libertad sólo puede
encontrar su auténtica realización en la medida en que el hombre se deja
sanar por la gracia divina. Y aquí llegamos a la conclusión que se
desprende de la contemplación de María Inmaculada: el hombre necesita de
la gracia de Dios para superar la herida interior que el pecado le ha
inflingido.
* María, modelo de pureza / sentido de la sexualidad:
La tradición popular católica ha designado a la fiesta mariana de la
Inmaculada con el nombre de “La Purísima”, ensalzando así a María como
modelo de pureza o de castidad.
Recordemos el pasaje bíblico del libro del Génesis,
donde se describe el hecho de que Adán y Eva sintiesen vergüenza al verse
desnudos, como consecuencia del pecado original. En palabras de Juan Pablo
II, Dios creo al hombre, de forma que el cuerpo fuese el icono o el espejo
del alma, expresión de su interioridad. Por el contrario, el pecado
deforma la vocación con la que Dios creó nuestra naturaleza, imprimiendo
en nosotros una tendencia a divorciar la sexualidad del amor. La
dignificación de la sexualidad, supone volver a darle a la corporalidad su
vocación primera: la entrega sexual en el matrimonio es la expresión de la
donación de la vida; mientras que la renuncia a la sexualidad en la
vocación virginal es la expresión del desposorio con el Dios invisible.
Por ello, María Inmaculada nos redescubre el valor de la virtud de la
castidad, que no es otra cosa que la integración de la sexualidad dentro
de la vocación al amor que cada uno hemos recibido de Dios.
* Dos cosmovisiones antagónicas / equilibrio católico:
Estamos asistiendo al choque de dos cosmovisiones enfrentadas y
antagónicas: el occidente secularizado y el islamismo fundamentalista. El
primero ha ensalzado al hombre, hasta el desprecio de Dios. Y el segundo
ha ensalzado a Dios, hasta el desprecio del hombre. Entre el
antropocentrismo intrascendente que padecemos en Europa y el teocentrismo
deshumanizante que nos amenaza, el cristianismo se ofrece como la
alternativa que aúna en Cristo la trascendencia y la inmanencia, lo divino
y lo humano.
La figura de los santos y especialmente la de María
Inmaculada, es una expresión bien concreta de que la verdadera
religiosidad glorifica a Dios, al mismo tiempo que dignifica al hombre;
hasta el punto de que la Iglesia lo llega a proponer como modelo de
imitación. La devoción a los santos y a la Virgen María es una signo muy
clarificador del humanismo católico.
* La anécdota de una bandera / Reina de Europa: Cuando
en 1949 se instituyó en Estrasburgo el primer «Consejo de Europa», se
convocó un concurso artístico para elegir una bandera común. La
providencia quiso que entre los 101 proyectos presentados, finalmente, en
1955 se eligiese el elaborado por Arsène Heitz, un ferviente artista
católico que superaba los 90 años de edad.
Su inspiración fue plasmar el pasaje bíblico del
capítulo 12 del Apocalipsis, donde se describe la figura de una Mujer con
una corona de doce estrellas sobre su cabeza; una corona de doce estrellas
sobre el fondo azul. Por motivos obvios, guardó en secreto su fuente de
inspiración religiosa, y no la descubrió hasta después de haber sido
definitivamente seleccionado. Hasta entonces, se limitó a responder a las
aclaraciones que le solicitaron desde aquel primer Consejo de Europa,
formado entonces por tan sólo seis países; diciendo que el número 12 era
un número de plenitud según la sabiduría antigua, y que no debería
cambiarse si un día los miembros del Consejo superasen ese número. Y lo
más sorprendente es que fue precisamente un 8 de diciembre de 1955, día de
la Inmaculada, cuando en una votación del Consejo de Europa fue adoptada
esta bandera por unanimidad. No cabe duda de que esta anécdota histórica
trae a colación el cristianismo anónimo sobre el que se está construyendo
Europa. Por mucho que pretendamos ignorarlo y olvidarlo, nuestra cultura
tiene a Cristo en sus raíces y a María en su bandera.
Con motivo de este aniversario, la Conferencia
Episcopal Española nos ha convocado a renovar la consagración de España al
Corazón Inmaculado de María. En el mensaje hecho público al finalizar la
Plenaria de Noviembre, nos han invitado a celebrar un año dedicado a la
Inmaculada, teniendo como momento cumbre el 21 y 22 de Mayo del 2005 en el
Pilar de Zaragoza, donde honraremos a Nuestra Madre y nos consagraremos de
nuevo a su Corazón Inmaculado.
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