2. "Bungee jumping"
sobre cemento
Dado que el “sexo seguro” no es tan seguro, es curioso
que los promotores sigan impulsándolo. Y cuando la seguridad, el amor, y
la libertad están en juego, es tiempo de detener este impulso y de dejar a
los jóvenes tomar una mejor opción.
Cuando practicas el “bungee jumping” sobre cemento,
probablemente quieras asegurarte de tener el mejor equipo de seguridad
disponible, y que quede fuertemente atado a cada nudo y cordón. Y que los
expertos responsables sepan lo que están haciendo. Además, probablemente
te gustaría conocer una larga lista de los aventureros que se arriesgaron
antes que tú y que han vivido para contarlo.
¿Pero qué pasa si el equipo de seguridad en cuestión no
es 100% fiable? ¿Qué si su fama crece en la misma proporción que el
porcentaje de desastres? ¿Y qué si te llaman “marica” cuando te bajas de
la plataforma para pasar de un modo más significativo la tarde de un
sábado con tu pareja? ¡Este dilema suena a una pesadilla!
Pues, ¡buenos días, América! Despierta al mundo real y
verás que la pesadilla casi coincide con la realidad. Por todas partes,
desde los anuncios a las librerías, de las telenovelas a los sanitarios
públicos, y hasta en la Asamblea General de la ONU, se presenta el anuncio
promocional fuerte y claro: “¡Adelante, jóvenes, ustedes son libres de
decir lo que piensan y hacer lo que quieran! Tienen el derecho al amor, la
diversión, las emociones, las excitaciones, así que practiquen más el
sexo. Ténganlo cuando quieran, como quieran y con quien quieran. Pero con
una condición: háganlo con seguridad”.
¿Por qué
siempre se insiste en “sexo seguro”? ¿Dónde está el peligro si todos lo
practican? Aquí la naturaleza interviene pasando factura y no es cosa de
risa. En la actualidad se calcula que un total de 36.1 millones de
personas en todo el mundo están infectadas con el virus del SIDA. Cerca de
1 millón de americanos padecen esta enfermedad, en su mayoría por contacto
sexual, y otros 15 millones de casos de otras enfermedades de transmisión
sexual se reportan cada año en los Estados Unidos. El SIDA es incurable.
Sólo en el año 2000, 3 millones de personas murieron por esta enfermedad.
Hay estudios que establecen que ya son 21.8 millones en total las muertes
causadas desde el principio de esta epidemia hace 20 años.1
Así que ya estamos advertidos. ¿Qué solución nos dan?
El omnipotente condón. Se supone que sale a las mil maravillas. Es la
clave para el placer sin peligro de infección. Nunca tengas una cita sin
él. Es portátil y exportable, el elemento insustituible de los cuidados de
la salud básica en los países despedazados por la guerra o asolados por la
pobreza.
Si este pedacito de látex es en realidad tan
maravilloso; si se han hecho enormes esfuerzos para distribuirlo a diestra
y siniestra; si la educación sexual no está completa sin él, entonces ¿por
qué el número de víctimas del SIDA sigue aumentando de manera alarmante?
Seguramente no es sólo por compartir agujas o por fallos en los análisis
de sangre. Es verdad que muchos culpan a las estadísticas por un mal uso
del condón o por dejar las precauciones a la deriva. ¿Pero por qué las
agencias que anuncian la “salud reproductiva” no conciencian de que el
condón no es un método del todo fiable para evitar el peligro del SIDA?
Tal vez por la misma razón que la palabra “precaución...” aparece en letra
pequeña en los paquetes de cigarrillos.
El hecho
es que cuando se hace una pequeña investigación al respecto, la mayoría de
los estudios de laboratorio demuestran que en un 98% de casos el virus VIH
no atraviesa la barrera del condón. Y ¿qué hay del 2% restante? Hagamos un
cálculo con estos números en el caso de alguien que use dos condones a la
semana, con un total de 104 al año... ¡dos de estos encuentros serían
mortales! Estas estadísticas se basan únicamente en pruebas mecánicas.
Nada es perfecto en este mundo... aun cuando el condón mismo obtenga la
mejor calificación en el laboratorio, ¿quién nos garantiza que no puede
romperse o resbalar?2 Al añadir el margen de errores humanos de
los consumidores, el grado de eficacia disminuye aún más. Algunos
investigadores determinan que en la práctica, los condones reducen en un
90-95% el peligro de transmisión de enfermedades. Estamos hablando ya de
un 5-10% de probabilidades de infección.3
La página web de Salud Pública de Seattle comenta con
franqueza que: “Los investigadores señalan que los condones no son 100%
efectivos. Indican que aún del uso correcto del condón, especialmente en
situaciones de alto riesgo, resultan algunas nuevas infecciones con VIH”.
Por lo tanto, no podemos arriesgar nuestras vidas en los “salvavidas” de
látex. Además de la desilusión acerca de la prevención del VIH, el uso del
condón como anticonceptivo todavía admite un 13% de probabilidades de
embarazo. Entonces, ¿para qué sirve, realmente? ¿Existen algunas otras
opciones?
La misma publicación, haciendo eco a muchas otras
investigaciones sobre la prevención del SIDA (y la anticoncepción), no ha
dudado en informar sobre la posibilidad de recurrir “a la abstinencia
sexual como el medio más seguro para evitar el embarazo y la adquisición y
transmisión de enfermedades de transmisión sexual.” El estudio continúa:
“la monogamia es el mejor medio” de evitar todos estos riesgos. “Practicar
la monogamia significa limitar el contacto sexual a una sola persona sana
que sólo tiene relaciones contigo.” Aunque, a mucha gente hoy en día le
cuesta aceptarlo, el contexto más completo de esta solución es el
matrimonio.
Por otro
lado, hay quien se mofa de propuestas que promueven “la abstinencia” como
medio ejemplar de una “conducta sexual responsable” que ayudará a la gente
a prevenir “embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual
y el VIH/SIDA”. ¿Tal vez se deba a que este método no es técnicamente
médico? Por ejemplo, algunas delegaciones en el tercer PrepCom para la
Sesión Especial a favor de la Infancia se opusieron a esta idea “porque la
abstinencia tiene muy poco que ver con el tema principal que es la salud
de niñas y mujeres.”4 Pero ¿por qué estas oposiciones a la
abstinencia si es la única forma de mostrar el amor sin el peligro de
infección, antes de casarse? ¿O es que nos quieren decir que el acto
sexual es puramente biológico y que no involucra el amor para nada?
Tenemos
toda la libertad de expresar lo que pensamos y de hacer lo que queramos
con nuestras vidas. Tenemos derecho a amar, a divertirnos y a experimentar
emociones y excitaciones. Pero el “bungee jumping” no es la única opción
ni, con mucho, la mejor. Además, el permanecer al margen puede demostrar
más carácter que el saltar al vacío con la multitud. Por lo tanto, si no
nos van a informar la verdad completa, que nos den al menos un poco de
espacio para tomar una opción más segura y audaz.
1 Centers for Disease Control and Prevention;
Divisions of HIV/AIDS Prevention; Joint United Nations Programme on HIV/AIDS
(http://www.cdc.gov/hiv/stats/internat.htm ; http://www.cdc.gov/hiv/pubs/facts/condoms.htm
)
2 Según un estudio, hay una posibilidad de 3.4% que se rompa el
condón, y una posibilidad de 1.1% que se resbale.
Cfr. Public Health-Seattle and King County: Condom
Information Update '99
http://www.metrokc.gov/health/apu/infograms/condom99.html
3 Idem.
4 The NGO Committee on UNICEF, Volume 2, Newsletter #6, Article
2. (http://www.ngosatunicef.org)
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