7. La Madona del
Magníficat de Botticelli
Adolfo Carreto
La Madona del Magníficat de Botticelli es una bella
estampa, metafórica sí, no confeccionada para la veneración sino para el
adorno, pero ante la cual se puede postrar, emocionado, cualquier
creyente.
Dicen
que es una de las obras más famosas
del famosísimo pintor renacentista italiano: Sandro Botticelli. A
Botticelli lo conocemos sobre todo por sus Venus y por esa inclinación a
la exaltación del desnudo femenino, un desnudo, hay que decirlo, nada
provocador pero sí muy innovador en la época. Pues esta madona del
Magníficat compite en estética con todas las venus habidas y por haber.
Es un cuadro muy singular; lo llaman tondo, pues se
trata de un cuadro circular, populares en el renacimiento italiano, cuyo
objetivo era decorar palacios o edificios pertenecientes a gremios. Esto
equivale a decir que no se trata de una composición destinada a los
templos, con marcada finalidad religiosa, sino abocada a la decoración, y
no precisamente en lugar sagrado. No obstante nada quita de espiritualidad
y misterio a esta composición pictórica.
Pareciera que estamos contemplando la escena a través
de un lente circular. Las figuras de la composición adoptan esa forma,
encorvadas cuanto es menester para que la composición sea creíble.
Los tonos de la pintura son asombrosamente
descollantes: el oro es lo que resalta, posiblemente en consonancia con el
palacio donde el lienzo va a ser exhibido. La riqueza material la
proporciona el color, que es síntoma, dicen los expertos, de la opulencia
de quien la encargó. Porque, evidentemente, obras así se realizan por
encargo.
No obstante, esta Madona del Magnífica de Botticelli
resuma espiritualidad y se desprende de personas u objetos que no sean
acordes con el misterio. Eso sí, Botticelli se ha tomado la licencia de
alterar el relato bíblico: la Virgen pronuncia el Magníficat luego del
anuncio del arcángel acerca de su estado y de las consecuencias que
semejante estado lleva implícitas. En este caso la Virgen no reza sino
que, ya con el Niño en brazos, y escoltados ambos por los ángeles de
rigor, pues en cualesquiera de estas escenas si no hay ángeles pareciera
que no hubiera misterio, la Virgen se deja llevar la mano por su hijo para
escribir el canto: el suyo, el Magníficat, y el de Zacarías, que también
irrumpió en cántico ante un anuncio similar.
La Virgen es coronada por los ángeles como siguiendo el
encargo del Todopoderoso que desde lo alto, y mostrándose como
resplandeciente luz, ordenara el encargo.
Es una
bella estampa, metafórica sí, no confeccionada para la veneración sino
para el adorno, pero ante la cual se puede postrar, emocionado, cualquier
creyente.
|