1. El Cascabel de
Navidad
Miguel Rivilla San Martín
No es conforme a la realidad, por muy atractiva que se
la presente, identificar Navidad con regalos, desfiles, fantasías, ni
bellos paisajes nevados. Es algo más, muchos más. Es el nacimiento de
Jesús, hijo de Dios.
Una singular película acapara las salas de España en
estas navidades. Me refiero a Polar Express, del director Zemeckis y
protagonizada por Tom Hanks.
Millones de espectadores en todo el mundo, sobre todo
niños, disfrutarán de su visión. Cuenta la historia de un niño que el día
de Nochebuena espera oír el sonido del tintineo de las campanillas del
trineo de Santa Claus.
Sueña que un fantástico tren, Expreso Polar, se para
ante su casa y en él emprende un viaje al Polo Norte y allí, con otros
niños, conocerá a Santa Claus. Le desvelará el sentido de la Navidad, al
darle un cascabel, cuyo sonido sólo oyen los que creen.
Nadie negará que la película es una
gozada estética y visual para grandes y pequeños, pero se saldrá del cine,
sin entender qué es la Navidad. Ni con cascabel ni sin él, se oye una sola
alusión al misterio secular cristiano. Navidad proviene de natividad que
significa nacimiento. Y éste es el escamoteo principal.
¿Nacimiento de quién?
No es conforme a la realidad, por muy atractiva que se
la presente, identificar Navidad con regalos, desfiles, fantasías, ni
bellos paisajes nevados. Es algo más, muchos más. Es el nacimiento de
Jesús, hijo de Dios, que viene, pobre y humilde, a salvarnos en su
infinito amor. Claro, también aquí como en la peli, sólo lo ven los que
creen.
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