3. El Código DaVinci
(7)
Walter Turnbull
La cuarta de las grandes mentiras: la Iglesia es
asesina.
Llegamos a la cuarta gran mentira (entre un montón de
mentiras de tamaño normal) del “Código DaVinci”.
La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino
en el 325, persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo
femenino -incluyendo a la “diosa”, María Magdalena-, matando millones de
brujas y a los misteriosos templarios en la Edad Media y el Renacimiento,
destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando
sólo los cuatro evangelios que les convenían, bien retocados. En la
novela, el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a
la luz el secreto, llegando incluso al asesinato.
En este caso, más que al error o a la mentira, Dan
Brown recurre a la calumnia. Acusa a la Iglesia de todas las maldades que
a usted se le puedan ocurrir. Traición, machismo, engaño, persecución,
discriminación, asesinato, genocidio, conspiración, destrucción de
cultura, etc... Si hubiera hecho lo mismo con cualquier otra agrupación
del mundo, Dan Brown estaría en la cárcel sepultado bajo una montaña de
demandas. Para él (como para tantos comecuras liberales) la historia de la
Iglesia Católica es un gigantesco complot.
Ya vimos brevemente que la persecución contra María
Magdalena y sus seguidores no tiene ningún fundamento histórico, y en
cambio tiene muchas contradicciones, que la “destrucción de libros” es
perfectamente explicable, y que no fue el Papa Clemente V quien eliminó a
los templarios por motivos doctrinales, sino el rey de Francia, Felipe el
Hermoso, por razones económicas y políticas.
El asunto de las cinco millones de brujas quemadas en
la hoguera es fascinante. Es bueno recordar que toda la información que se
tiene en las culturas sajonas y protestantes sobre la inquisición, está
basada en datos falsos publicados en un libro fantasioso escrito con la
intención de desprestigiar a la Iglesia (igual que el Código DaVinci), y
hasta la fecha, siempre que los enemigos de la Iglesia hablan de la
Inquisición, siguen creyendo y manejando los mismos datos.
Vamos a
los números. Según los protagonistas de la novela, "durante trescientos
años la Iglesia quemó en la estaca la asombrosa cifra de cinco millones de
mujeres", por ser mujeres. Esta afirmación causa risa entre los que saben
del tema. Aún los historiadores más adversos a la Iglesia Católica afirman
que el número de los procesados por brujería entre 1,400 y 1,800 no fue
mayor a los 40,000 personas, y de éstos no todos fueron condenados, mucho
menos todos quemados y no todos fueron mujeres. La mayoría no murieron a
manos de oficiales de la Iglesia, ni siquiera de católicos. La mayor parte
de víctimas fue en Alemania, sobre todo en las zonas calvinistas y
luteranas, y a manos de tribunales civiles. Tenemos el dato, por ejemplo,
de que fueron más los católicos muertos por la “inquisición anglicana”
durante el reinado de Isabel I en Inglaterra, que todos los muertos a
manos de la inquisición católica durante trescientos años. Por otro lado,
la brujería ha sido perseguida y castigada con la muerte por egipcios,
griego, romanos, vikingos, etc... El paganismo siempre mató brujos y
brujas. La idea del neopaganismo feminista de que la brujería era una
religión feminista precristiana y que fue perseguida por machismo, es un
absoluto embuste.
Aunque al
final del libro, en un giro inesperado, el magnánimo Dan Brown absuelve a
la Iglesia, es un hecho que, durante toda la obra, hace ver a un miembro
del Opus Dei como un asesino auspiciado por ella. Cualquier aprendiz de
publicidad, y Dan Brown también, sabe que lo que cala en la mente de las
personas no son las ideas y los argumentos, sino las imágenes y el tiempo
que se pasa contemplándolas. Así pues, una imagen de un asesino que es
miembro del Opus Dei, que a su vez es parte de la Iglesia -que además es
mentirosa, violenta, maquiavélica, y todas las linduras que ya
mencionamos- deja en la memoria del lector -o en el espectador- una
certeza inequívoca: La Iglesia en general, y el Opus Dei en particular,
son una secta destructiva dispuesta al asesinato y otras técnicas mafiosas
cuando así conviene a sus intereses.
Pretende ignorar Dan Brown que muchísimos cristianos
(ahí sí, millones), entre ellos muchos papas, han dado su vida a lo largo
de la historia por abrazarse a los principios que la Iglesia predica hasta
el día de hoy. Si eso lo hubieran hecho con la intención de engañar a
alguien para propio beneficio, habría sido un engaño suicida, el engaño
más absurdo de la historia, diría yo.
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