7. La flor verdadera
Mikel Agirregabiria Agirre
La flor natural, como la vida auténtica, tiene el don
del olor, el color y el candor.
Dicen que las flores son palabras que
hasta un niño de pecho puede entender. Un espíritu joven nunca deja de
sorprenderse con la belleza límpida y efímera de cualquier flor. El
“dígaselo con flores” es un conmovedor lenguaje anímico, que además no
desmiente a Sigmund Freud
cuando afirmó que “contemplar las flores es sedante, porque no despiertan
emociones de conflicto”.
Un acertijo popular presenta la siguiente adivinanza:
Frente a un gran escaparate que contiene más de mil flores artificiales,
ha de señalarse la única flor natural escondida entre el millar de
perfectas imitaciones de tela y plástico. No se permite tocar ni oler las
flores separadas por un cristal. Este enigma presenta esquemática y
metafóricamente el “problema de la elección de lo auténtico” entre la
profusión de lo adulterado, como sucede en la vida real para encontrar un
amor puro y sincero entre tanto disfraz de falsedad y engaño.
El misterio de la flor viva se solventa infaliblemente
con métodos variados; citemos cinco…
- Es la única que no es enteramente perfecta, porque
sólo lo artificial puede fingir la excelencia.
- Es la inigualable que con la luz variable abre y
cierra sus pétalos.
- Atrae a insectos como moscas o abejas.
- Necesita cuidados como agua y abono.
- Crece, cambia y se marchita.
Lo mismo vale para detectar una vida (o
una persona) auténtica, que puede parecer pobre ante artificiales y
ficticias biografías ajenas que nos cuentan y que aparentan ser ilusiones
ideales. Una existencia verídica siempre…
- Presenta leves imperfecciones, pero el conjunto en
cualquier circunstancia puede demostrarse interesante y afectuoso.
- Oscila de temperamento según el momento, pero es
capaz de mantener un tono vital risueño, esperanzado y animoso.
- Atrae problemas y conflictos, pero sabe dejar las
situaciones y a las demás personas mejor de como estaban.
- Necesita cuidados como amor, amistad y solidaridad de
sus semejantes, así como que se le hable y se le escuche.
- Madura, envejece y se extingue, pero sabe hacerlo con
dignidad entendiendo que la vida es la interinidad por excelencia.
¡Ojalá nos mantengamos todos hasta el final de nuestros
días… en la flor de la vida!
|