1. Cristianismo y
reencarnación
María Pilar Guadalupe Gómez
Conferencia del Pbro. Antonio Abós sobre la
reencarnación y la doctrina cristiana
El pasado 24 de Noviembre en el Seminario del Sagrado
Corazón de Jesús de los Operarios del Reino de Cristo el Reverendo Padre
Antonio Abós CORC ofreció una charla- conferencia a los fieles y
bienhechores del Seminario.
Dado que sus charlas amenas y aparentemente informales
son en realidad conferencias muy serias de Teología, hemos querido
transcribirla para profundizar en nuestra fe y abrirnos al basto campo de
la Filosofía y la Teología.
Nuestra fe cristiana, una vez más, dijo, sale al paso
de los deseos del corazón: en la muerte, nos dice la fe, Dios llama a cada
ser humano hacia sí.
Exclamaba San Ignacio de Antioquia: “hay en mi un agua
viva que murmura y que dice desde dentro de mi: Ven al Padre”.
Como afirma el Concilio Vaticano II, indicó, el máximo
temor del hombre es el temor por la desaparición perpetua. Juzga
certeramente cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total
y el adiós definitivo. La semilla de eternidad que en sí lleva, por ser
irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte (G. Spes,13).
Dijo que el recordado teólogo Javier Mahillo exclamaba
con su humor inteligente y con la fuerza de su fe: “Sólo se muere una
vez!”. No hacía sino recordar la Carta a los Hebreos (Hb. 9,27). En
efecto, la “hermana muerte” (san Francisco de Asís) es el fin del camino
terreno del hombre, al tiempo que Dios le concede hasta el encuentro con
él, de acuerdo con sus obras y según la misericordia divina.
Expresó que el horizonte vital del hombre secularizado
es el éxito en la vida terrena: fama, placer, poder, riqueza… Pero la
evidencia del morir ha llevado a no pocos a dirigir su mirada, no ya a su
destino eterno en el encuentro con Dios, sino a las antiguas creencias en
la reencarnación, hoy nuevamente presentes de la mano de espiritualidades
orientales.
Afirmó que es sintomático el modo como se ha extendido
hoy en día en Occidente la teoría de la reencarnación, hasta el punto de
que, de modo creciente, se dan cristianos que la aceptan en su propio
credo particular. No sólo se da en el sincretismo de algunas sectas como
la New Age, sino que, según encuestas recientes, uno de cada cuatro
europeos aceptaría la reencarnación.
La idea de la reencarnación, clarificó, es propia de
religiones como el hinduismo y el budismo. En el hinduismo, el que no ha
conseguido la purificación, tiene que reencarnarse según la ley de karma
(la ley de las acciones de la vida); reencarnación que será más o menos
digna según haya sido la propia vida, hasta completar la perfección y
conseguir así la identificación total con Brama. El Budismo coincide en
este punto con el hinduismo, expresó.
Recordó que la reencarnación era también patrimonio del
mundo griego. Aparece en Pitágoras, Empédocles y, particularmente, en
Platón y Plotino. Según Platón, las almas, que pertenecen al mundo de lo
divino y la contemplación, se hacen culpables al apetecer lo sensible, de
modo que han de encarnarse como castigo. De ahí viene la reencarnación
hasta completar a perfección debida.
Pues bien, dijo que es un hecho que hoy en día aumenta
en Occidente la creencia en la reencarnación. Y uno se pregunta
inmediatamente por los motivos de ello. En este sentido, no resulta
insignificante algo que observa Schönborn cuando recuerda que mientras en
las filosofías orientales, la reencarnación se vive como un destino del
que tratan de librarse, en Occidente aparece como una alternativa de
salvación, o como una posibilidad de seguir viviendo en una
autorrealización gradual.
Personalmente, dijo, me siento inclinado a pensar que
la reencarnación supone en mucos casos en Occidente la posibilidad de
seguir creyendo en el más allá, pero rehuyendo el encuentro con un Dios
personal que nos pueda juzgar.
Es obvio, afirmó, que la teoría de la reencarnación
choca con las ideas fundamentales del cristianismo, como bien a señalado
Pozo. Por nuestro lado, señaló, las reduciríamos a las siguientes:
1.- Según a fe cristiana, está establecido que los
hombres mueren una sola vez y luego viene el juicio. Así lo dice
expresamente Heb 9, 27. En la revelación cristiana la muerte aparece como
término del tiempo de prueba. En el más allá se da una retribución
inmediata a la muerte que es irreversible, como hemos podido ver en el
marco de la presente obra. El hombre es juzgado en el más allá por las
obras realizadas en su vida mortal ( 2 Cor 5, 10 ), indicó.
2.- Explicó que la teoría de a reencarnación supone una
concepción dualista del hombre. El alma usa el cuerpo como mero
instrumento del que termina librándose definitivamente, mientras el
cristianismo, por su parte, valora el cuerpo material hasta el punto de
que lo salva mediante la resurrección.
El argumento principal de san Ireneo contra la
reencarnación, señaló, consistía en decir que el hombre en su originalidad
ha sido querido por Dios: con ese cuerpo y esa alma concretos. Pues con
esa alma y ese cuerpo concretos es salvado.
Queda excluida toda concepción cíclica del mundo, pues
el hombre tiene una historia única delante de Dios, porque Dios le ha
creado y querido en su mismidad y libertad, aseveró. Hay, además, indicó,
otro argumento claro: Cristo toma carne y resucita con ella, de modo que
con ella vendrá al final de los tiempos: el final de la historia es
precisamente el encuentro con ese Cristo como fin definitivo, la historia
tiene un fin, no es un ciclo interminable.
3.- Como bien ha señalado el teólogo Pozo, afirmó, la
teoría de la reencarnación se basa en un claro neopelagianismo * que
pretende que el alma se salva por sus propias fuerzas sin el auxilio de la
redención y de la gracia de Cristo.
Es lógico por ello, dijo, que los santos padres
rechazaran la reencarnación. La oposición de los Padres a la misma nace de
la convicción de que Cristo es la vía de la salvación que ha llevado a
cumplimiento, más allá de toda expectativa, todo lo que la reencarnación
no podría realizar. San Justino, san Ireneo, Tertuliano y san Agustín,
entre otros, la han rechazado explícitamente, aseveró.
Asimismo dijo que vale la pena escuchar como argumento
contra la reencarnación estas palabras de san Agustín:
“Cristo
ha muerto una sola vez por nuestros pecados, resucitando de entre los
muertos, no muere ya y la muerte no tiene dominio sobre él. También
nosotros, indicó, después de la resurrección, estaremos siempre con el
Señor a que ahora decimos con el salmo: Tú, Señor, nos guardarás y nos
custodiarás desde esta generación eternamente”.
Indicó que a la reencarnación le faltan también
argumentos de tipo racional. Es claro que si hubiéramos vivido
anteriormente, tendríamos algún tipo de recuerdo de dicha vida. Mucho se
habló del famoso caso de Virginia Thige (USA) como caso de reencarnación,
añadió. El pastor protestante Wally White desenmascaró este asunto
explicando que los recuerdos de Virginia sobre una vida pasada se basaban
en realidad en una amistad que había tenido con un hijo de una señora
irlandesa que le contaba historias y que ella de forma inconsciente había
almacenado en el cerebro.
Agregó que muchos de los pretendidos recuerdos de otra
vida anterior no gozan, en realidad, de pruebas concluyentes y parecen
deberse obviamente a causas de tipo psicológico, como tampoco gozan de
auténtica garantía científica las experiencias de la otra vida después de
la muerte.
El final de esta vida es Cristo, concluyó. En la torre
de Londres, donde se conservan las mazmorras e instrumentos de tortura que
se usaban en el Siglo XVI, y donde murieron no pocos de los seguidores del
Papa en contra del cisma de Enrique VIII, en una de las paredes
ennegrecidas de aquellas mazmorras se puede leer lo que escribió algún
mártir católico: Postrema Christus, al final, Cristo.
* El pelagianismo consiste en la pretensión de que el
alma se salva por sus propias fuerzas, sin el auxilio de la redención y de
la gracia de Cristo.
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