3. Personajes
secundarios
Mikel Agirregabiria Agirre
Depresiones semanales propias de la noche del domingo, cuando el almanaque
señala inexorablemente el “tempus
fugit”.
La mayoría de nosotros somos personajes secundarios que
vivimos historias anónimas de intrascendente relevancia. No podemos
aspirar a nada más, a ser testigos a lo sumo, nunca protagonistas. No
llegamos a la categoría de inocentes, ni de culpables; acaso culpables de
inocencia, quizá más de indolencia. Nuestra “carrera de la vida”, lo que
pomposamente dicen “currículum vitae” es un ridículo vital. Sólo nos queda
un resquicio para ser virtuosos en la ciencia del vivir: Aprender a
ensayar el arte de amar.
Nuestra vida es un viaje
sólo de ida,… alrededor del mundo, hasta volver al mismo punto de partida.
Morir donde nacimos tras emigrar y mudar de una etapa a otra. Una
existencia anodina con algunos cuentos y muchas cuentas: cuentos
incumplidos, cuentas pendientes. Lo prueba incluso el diario compromiso de
escribir, para sosegar la lacerante desazón por el tiempo que parece
escurrirse entre los dedos al tratar inútilmente de aprehenderlo. Hace
años la agenda anotaba y verificaba objetivos; ahora su redacción es de
aplastante futilidad. Pero "hay un tiempo para todo", dice el
Eclesiastés.
"Hay un tiempo para amar",....
La vida
sigue escabulléndose a nuestro alrededor. Nos sentimos cansados de nadar
en una bañera, sin avanzar pero con riesgo de ahogarnos, cercados por los
muros de la rutina. Las penas son de enorme onda expansiva. La vida que
nos sacude a empellones; nadie puede desoír sus llamadas,... Sólo cuando
nada se espera, renacemos. Con palabras sabias de Reinhold Niebuhr:
“Concédeme, Dios mío, serenidad para aceptar lo que cambiar no puedo,
valor para cambiar lo que cambiar se pueda, y sabiduría para discernir la
diferencia”. Es tiempo de amar.
Porque todo es por amor, incluso el odio que frecuentemente
no es sino amor mal entendido. Todos mantenemos un temperamento de
iceberg, que por timidez asoma apenas un 11% y con un alto riesgo de
derretirse fácilmente si va a la deriva. Sentimos frecuentemente que en
cada encrucijada, todas las opciones son caminos muertos, que nuestro
progreso es el del cangrejo, y que nuestra biografía pertenece al
"cajón de-sastre". Y entonces sucede el milagroso
efecto del afecto.
Oímos una palabra amable en el momento en que más lo
necesitábamos, cuando la vida mancha y desgasta. Ante un desengaño más,
nos decimos “Soy un fracasado. ¿Qué he hecho de mi vida?”. Y alguien nos
responde: “¡Te diré lo que has hecho de tu vida! Has sabido ganarte mi
amor, y hemos compartido cariño, fidelidad, comprensión y sacrificio”.
Entonces percibimos el rescate del amor, que siempre es factible mientras
haya vida. César Pavese tenía razón: “Hay un solo placer, el de estar
vivos, y todo lo demás es miseria”.
Vivos,
nada más. Juntos, nadie es imperfecto. Todos somos sublimes, con una dieta
continuada de cariño recíproco. La felicidad a dúo siempre es en Do Mayor.
No dejemos las cosas para después. Ahora o nunca. Descubramos la genuina
vocación de vivir: ¡Atrevámonos a amar! Porque sólo el amor derrochado nos
rescatará de la mediocridad. El día despunta, será lunes. Son días
gloriosos los lunes: ¡No desperdiciemos la séptima parte de nuestras
vidas! Este lunes será un día propicio para amar.
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