5. Matanza de
inocentes
La matanza de los inocentes es el pasaje más dramático
de la vida de Cristo, y en nuestros días, más o menos por las mismas
geografías ocurren idénticos desatinos.
¿No se le habrá ocurrido a Mel Gibson una película
sobre la matanza de los inocentes, ateniéndose, eso sí, al relato
evangélico, como hizo con la Pasión?. Porque, si se quiere, más dramatismo
hay en este acontecimiento, y más degradante, que en el mismo hecho de la
Pasión. Jesús ya era adulto y pareciera que las atrocidades sobre adultos
son menos atrocidades que las atrocidades sobre niños. Así es que esta
posible película a lo Mel Gibson sería infinitamente repugnante,
degradante, condenatoria.
A Guiotto, el famoso pintor florentino, que tantas
páginas de la infancia de Jesús pintó, plasmó igualmente esta de la
matanza con una fuerza dramática y un dinamismo compositivo que asombran.
Ese montón de niños sobre el suelo, amontonados, unos
sobre otros, desnuditos ellos, es de un patetismo absoluto. Esa madre que
aferra al hijo y que el asesino intenta, arma en mano, arrebatárselo para
que siga la suerte de los demás, es de una impiedad impresionante.
Herodes en el balcón, contemplando, ordenando. Uno de
esos muertos, para Herodes, no era el inocente sino el impostor. Pero no
hay ley que obligue a permitirle la vida a los demás cuando no se sabe
quién es el que puede quitarle el mando a uno. Y siempre, quien manda y
ordena, corta por lo sano, es decir, mata sin discriminación. Es lo que
ahora llaman prevención.
Los esbirros cumplen órdenes, ¿quién puede oponerse al
poder cuando la fuerza del poder es la muerte? Guiotto, pintándonos esta
escena, no solamente relató lo literal de las Escrituras sino que se
proyectó al presente, sí, a este presente nuestro que, más o menos por las
mismas geografías ocurren idénticos desatinos.
De nada sirven las lágrimas de las madres, de nada las
lágrimas de la humanidad; lo que impera es el por si acaso, la prevención,
el intentar una absurda e imposible paz a costa de la muerte de los
inocentes.
Esta página, que fue real entonces, es más real todavía
hoy, porque si lo de entonces es difícil de comprender, lo de hoy es
imposible. Y me pregunto, ¿qué religión macabra profesan quienes hoy día
reactivan la historia de entonces, reactivándola cínicamente en nombre de
Dios? Entre todos los detalles de la infancia de Jesús este es uno de los
más escalofriantemente actuales. A Herodes lo ha juzgado la historia pero
¿es necesario esperar tanto para juzgar a estos poderosos que se niegan a
enmendar la historia del terror? Malos tiempos viven los inocentes.
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