7. Creer en el amor
La
felicidad es la recompensa esperada, y el camino que conduce a ella, es el
mismo para todos: aprender a amar y ser amados. No le busquemos tres pies
al gato. Caminos hay muchos, pero sólo uno nos hace felices.
Llegamos a la vida sin haberlo pedido. Cada uno se
encuentra con una realidad, no siempre agradable, ni fácil de llevar: un
país, una cultura, una familia con unas características, una identidad, y
un proyecto de vida por delante. Unos antes, otros después, somos tocados
por el sufrimiento, sea físico, sea moral. Se presenta de forma
imprevista, tiene mil rostros diferentes: una amistad traicionada, una
enfermedad dolorosa, un fracaso profesional, el propio carácter difícil de
sobrellevar… pero no hay sufrimiento lo suficientemente grande que logre
arrancar del corazón humano el deseo infinito de ser felices. Por eso,
cada día se emprende la aventura de la vida con la esperanza de alcanzar
un pequeño triunfo. Somos seres para triunfar. Y aunque probamos a menudo
el sabor amargo de la derrota, el ser humano anhela ganar. El triunfo es
la meta de las acciones humanas.
Millonarios, afamados, modelos de belleza, hay muchos,
y parece ser que cada vez son más, pero ¿son todos felices? Sus miradas
revelan a menudo frialdad. Si han triunfado ¿por qué sólo sonríen cuando
los ven, y en la soledad guardan silencio y evitan su misma mirada? Han
conquistado triunfos vistosos: la fama, el poder, el dinero… pero así como
son de vistosos, así dejan de vacía la vida, y el alma seca. ¿Eso es todo
en la vida? Si estamos hechos para triunfar ¿Cuál es realmente el Triunfo,
con mayúsculas, que todos anhelamos?
La felicidad es la recompensa esperada, y el camino que
conduce a ella, es el mismo para todos: aprender a amar y ser amados. No
le busquemos tres pies al gato. Caminos hay muchos, pero sólo uno nos hace
felices. El amor, fundamentalmente se ejercita cuando se lucha para que
sea el otro quien triunfe, entonces… también gano yo. Es el esquema
opuesto a cualquier dialéctica barata. Ganamos ambos, si yo ayudo a que tú
ganes, incluso más y mejor que yo.
Nuestra sociedad necesita recuperar la fe en el amor.
De tanto vendernos uniones pasajeras, divorcio, la eliminación del que
estorba, la sexualidad cerrada a la vida, el placer como meta de la
existencia, la violencia como medio de imposición… los hombres y mujeres
de nuestro tiempo están dejando de creer que el amor existe, que la
fidelidad es posible, que gana más quien más ama.
Se triunfa en la vida cuando se ama. Tenemos que creer
en el amor para no morir de tristeza. Todos tenemos alas de águila para
volar muy alto, aunque nos hagan creer que somos gallinas de corral. El
vuelo se emprende cuando se apuesta por el bien del otro. No se necesitan
actos heroicos, sino hacer heroico lo cotidiano, amando en lo concreto.
Ceder un asiento en el autobús a alguien más cansado que yo, sonreír al
dar los buenos días cada mañana en la oficina, escuchar con atención a
quien me cuenta sus problemas, invitar a un café a quien tiene frío, o
regalar con agrado el propio tiempo a los seres queridos, para hacer… lo
que ellos quieran. Amar no es complicado. Está alcance de todos.
Los medios de comunicación no hablan de toda la
realidad, pero existe mucho amor en el mundo, aunque se venda como noticia
sensacionalista. Hay matrimonios enamorados después de 60 años juntos,
hombres que apoyan a su mujer en la búsqueda de un buen trabajo
profesional, mujeres que alaban a su marido cuando educa a sus hijos, e
hijos que se levantan más temprano para que sus padres encuentren
preparado el desayuno.
A veces, sólo se necesita que uno comience, para que
los demás dejen de vivir el esquema de “yo gano si tú pierdes”, y se
decidan a elegir el “yo gano sólo si tú ganas”. Cuando se ama, se gana
siempre y ganan todos. Amar puede ser que no resulte rentable
económicamente, que produzca desgaste físico y emocional, que complique la
vida y nos quite tiempo, pero da paz de conciencia, nos hace felices, nos
permite vivir en un estado habitual de optimismo, dibuja una sonrisa
sincera en nuestros labios e ilumina la mirada con un brillo nuevo.
Un adagio hindú reza: “Todo lo que no se da, se
pierde”. Triunfa en la vida, quien derrota al yo, para que gane el tú.
Triunfa en la vida, quien cree en el amor, y se atreve a vivirlo, con
todas sus consecuencias.
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