3. Costa, a toda costa
Mikel Agirregabiria Agirre
Aún a costa de lo que sea, mejor acostarse al
costado de cualquier costa.
Cuando paseamos por
alguna de nuestras costas, la vasca o la alicantina, comentamos lo triste
que sería vivir en Wulumuchi, la capital de la provincia china más extensa
con 1,600,000 Km2, Xinjiang, que significa “nueva frontera” y
fue el “Turquistán Chino” anexionado en el Siglo XVIII por la Dinastía
Manchú.
Wulumuchi es el lugar terrestre más
alejado de cualquier mar según los mapamundis, siendo preciso recorrer un
mínimo de 2,400 Km. para alcanzar alguna costa marítima.
Vivir a orillas del mar, donde se escucha
la risa multitudinaria de las olas del océano, es el mejor antídoto
antitodo. Cualquier tosca costa, sea en forma femenina de playa o en forma
masculina de acantilado, simbolizan al alba o al crepúsculo la unión del
aire, el agua y la tierra.
Quienes nunca abandonamos la costa y
dejamos a otros la alta mar o la tierra adentro, creemos que debería ser
un derecho universal de todo terrícola el ver, al menos una vez, el mar
desde una costa. Habría que organizar viajes para que todos los humanos
comprendiesen qué es el mundo viendo las olas marítimas en un planeta como
el nuestro que merecería llamarse Agua y no Tierra.
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