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1. El pragmatismo religioso en política

J. Antonio Doménech Corral

Resulta evidente la utilidad que le ha sacado Bush a la religión en su empeño por seguir en la Casa Blanca. Ahora el señor Rodríguez Zapatero haría bien en no desaprovechar esta lección norteamericana de pragmatismo religioso en política.

El pragmatismo es una doctrina filosófica que reduce la verdad a su utilidad. Se desarrolló especialmente en EE.UU a finales del siglo XIX gracias a su fundador, el genio neoyorquino William James (1842-1910), padre de la psicología moderna. Y para él, aún no siendo creyente, la religión es una verdad porque resulta útil en la vida. Es lo que defendía en su libro “Variedades de la experiencia religiosa” (1902).

Y seguro que, hoy si viviera, no habría desaprovechado la oportunidad de añadirle un nuevo capítulo para glosar la clamorosa victoria de Bush en estas elecciones USA, como demostración palpable de su teoría. Si siempre se ha dicho que la fe religiosa mueve montañas, también a partir de ahora que gana elecciones.

Porque resulta evidente la utilidad que le ha sacado Bush a la religión en su empeño por seguir en la Casa Blanca. Le debe nada menos que la reelección en la presidencia de la nación más poderosa del mundo, gracias al desarrollo de una sorprendente estrategia estudiada y dirigida por su asesor personal, Kart Rove, para atraerse el voto religioso cristiano que era -según su opinión- el que decidiría al final. Pero no sólo el de los evangelistas, de cuya iglesia Bush es destacado miembro practicante; sino igualmente el de los católicos mediante una tejida red de colaboradores, con el aditamento en campaña de una fotografía de Juan Pablo II en la que figuraba el halagador reclamo de “Católicos por Bush”.

Y acertó de pleno. De manera que, aunque por su vida y acciones es evidente que Bush no es el paradigma de los cumplidores de los mandamientos de la fe cristiana, el resultado de su maquillada personalidad religiosa -amante esposo, diligente padre, entusiasta defensor de los valores morales tradicionales contrapuestos al aborto y al matrimonio homosexual- le han brindado la posibilidad de culminar la tarea emprendida en su primer mandato. En lo internacional, “ayudar a las democracias incipientes de Irak y Afganistán para que nuestros soldados regresen a casa con el honor que se han ganado”; y en lo nacional, “asentar los valores de la familia y la fe religiosa”. Según mensaje al pueblo americano en su primera comparecencia pública tras ganar las elecciones.

Siento el monumental fiasco que se ha llevado nuestro Gobierno español con esta rebosante victoria de Bush contra pronóstico. Especialmente su presidente Rodríguez Zapatero, tachado por él de “socio” de Bin Laden por ordenar la precipitada retirada de los soldados españoles desplazados en Irak. Porque se le ha escapado la satisfacción de poderle devolver algún “cumplido” compensatorio; al contrario, para mayor bochorno, ha tenido que tragar con la felicitación. Pero así es la política. Ahora el señor Rodríguez Zapatero haría bien en no desaprovechar esta lección norteamericana de pragmatismo religioso en política; y en seguir la corriente del sector cristiano de su partido, denominada “Cristianos en el socialismo”, que viene propugnando la moderación y el diálogo con la Iglesia para acabar con el actual enfrentamiento. Porque reconoce que el Gobierno se ha precipitado al plantear de golpe todas las novaciones legales que pretende.

Opinión que el mismo presidente del Ejecutivo parece haber empezado a compartir -y ya es casualidad que ante los anunciados movimientos católicos de protesta que se avecinan- cuando en el reciente Comité Federal del PSOE, celebrado el pasado sábado, invitaba por primera vez a todos sus miembros a “trabajar por una España serena” y no “en continua gresca”. Como recogiendo la razón esgrimida por el arzobispo valenciano, monseñor García-Gasco, en su carta pastoral de esta semana: “Arremeter contra el cristianismo ni ayuda a la libertad ni a la felicidad de los ciudadanos”.

 
 

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