2. El Rosario al cuello
Preocupa a la iglesia católica británica que se
convierta al rosario en una joya. Siento que la gente los esté usando como
accesorios de moda y no estén conscientes de su significado.
Si a mí me quitan mi crucifijo del
cuello, no ando por la vida, en serio. Desde pequeño me pusieron al cuello
un escapulario de la Virgen del Carmen que, me aseguraron, me protegería
por la vida; y pienso que me ha protegido. Del escapulario pasé a la
medalla y de la medalla al crucifijo. Rosarios nunca los he llevado al
cuello, es verdad, pero también es verdad que tengo uno, grandote, de
quince misterios, confeccionado con el fruto del ciprés, y yace en mi
cabecera. Así es que duermo al amparo del crucifijo del que jamás me
desprendo, y del rosario, aunque solamente sea de quince misterios.
Viene todo esto a cuento porque está
estandarizándose el uso del rosario al cuello, y para que todos lo vean.
Los culpables, al parecer, son la cantante norteamericana Britney Spears y
el futbolista del Real Madrid, británico, David Beckham. Y como celebridad
es celebridad, la imitación cunde. Según la dueña de una joyería
londinense, los rosarios “definitivamente están muy de moda y son vistos
como una joya bonita, no como un objeto religioso”.
Y esto es precisamente lo que preocupa a
la iglesia católica británica: que se convierta al rosario en una joya.
Bueno, los símbolos religiosos, sobre todo los cristianos, siempre han
sido convertidos en joyas, y de los más altos quilates. No hay más que ver
no ya las coronas de los papas sino las coronas de los reyes, por ir a lo
más alto, y no hay más que ver la cantidad de regalos, recuerdos,
reliquias que se han fabricado y se vienen fabricando para ser exhibidos
en lugares que merece la pena: bien sea la sala de la casa, bien sea la
hornacina de la entrada del hogar, bien sean los museos de todo tipo.
Termino de visitar en Madrid a un anticuario con verdaderas joyas de arte
religioso, tallas de vírgenes y santos, crucifijos de auténticos orfebres
y de valor comercial, y que todo huele a haber estado en otros lugares más
sagrados, para ser compradas por quien a bien lo tenga. Pues tendremos que
condenarlo también.
Es verdad que los denunciantes aclaran
que quienes utilizan estos símbolos religiosos como adornos “no están
haciendo nada malo o descarrilándonos, sino que siento que la gente los
esté usando como accesorios de moda y no estén conscientes de su
significado”. Pues muy bien, ¿a quién le pertenece este tipo de educación
religiosa: al estado, al joyero o a los auténticos responsables de la
educación? ¿Y qué si ahora, por culpa de Beckham, no dejan a los muchachos
y muchachas que lleven rosarios al cuello entrar en clase en esos reinos
laicos franceses, ingleses y españoles? Dicen que dijo Leonardo Da Vinci:
“Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias”.
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