3. Una entrevista al director del
semanario ALBA, D. Carlos Esteban
Fernando José Vaquero Oroquieta
Hemos entrevistado al director del semanario de
información general ALBA, el joven Carlos Esteban. Se trata de la más
novedosa iniciativa, lanzada en los medios de comunicación españoles,
dirigida a los lectores católicos.
Pregunta: El
semanario ALBA, ¿es un “producto” puramente comercial o tiene una
pretensión, en alguna medida, evangelizadora?
Respuesta:
ALBA pretende influir a favor de una visión cristiana del mundo y de la
vida y, por tanto, de evangelizar. Ese es su objetivo fundamental,
primario. Pero para ello debe a) llegar realmente al público, alcanzar
cotas suficientes de aceptación y b) autofinanciarse; eso la convierte
también en un producto comercial. Dicho de otra manera: no cumplirá bien
su objetivo de influir si no consigue ser un buen producto comercial.
P.: El
semanario ALBA nace con un ámbito nacional, aunque con la base y
experiencia alcanzada como publicación de la Diócesis de Segorbe-Castellón.
En lugar de atarse a los costes y exigencias de una cara distribución a
través de miles de puntos de venta, ¿no habría sido más acertado
profundizar en el “mercado” de las publicaciones oficiales diocesanas con
la fórmula allí probada?
R.: No, en
absoluto. Queremos ‘normalizar’ el periodismo católico. Incluso preferimos
obviar el calificativo “católico”, no porque pretendamos una simulación
imposible o vergonzante, sino porque creemos que el catolicismo es la
Verdad, que no necesita de adjetivos, y que se puede hacer un periodismo
de calidad, riguroso y valiente sin circunscribirlo al circuito de los
convencidos. El cristianismo no hubiera pasado del Siglo I si se hubiera
limitado a convencer a los convencidos, si no hubiera salido al mundo y
usado sus cauces normales de comunicación.
P.: Su
semanario está dirigido a lectores católicos, fundamentalmente. ¿Existe un
perfil tipo, más concreto que el mencionado, del lector de ALBA? La
publicación, ¿prestará análoga atención a las diversas sensibilidades
eclesiales existentes, en ocasiones tan dispares?
R.: En
principio, ése es nuestro propósito. Con la información no veo que deba
haber mayor problema. Pero ni yo ni mis redactores somos cristianos
“neutros”; cada uno tiene su peculiar sensibilidad, su modo de vivir el
cristianismo, e imagino que eso se dejará ver en columnas de opinión o
elección de tribunas. En cualquier caso, no cerramos la puerta a nadie,
con la única excepción de quienes, diciéndose católicos, difieren del
Magisterio de la Iglesia. Ese es nuestro límite. Por otra parte, si
determinadas opciones políticas son más beligerantes contra la Iglesia,
parece evidente que serán también las más atacadas en ALBA.
P.: ALBA su
suma a otras recientes iniciativas mediáticas dirigidas al público
católico: el suplemento religioso de libertaddigital.com, el diario
electrónico forumlibertas.com, la creación de nuevas agencias católicas de
noticias, etc. De tal manera, la tradicional dispersión de las
publicaciones religiosas vuelve a acrecentarse. Esa multiplicidad, ¿es
prueba de vitalidad o, al contrario, expresión de una impotencia
colectiva? O, en otros términos, ¿no deberían sacrificarse, cabeceras y
proyectos, en aras de un gran proyecto colectivo, de hondo calado social,
por ejemplo, un diario católico impreso?
R.: ¿Por
qué? La Iglesia se ha beneficiado enormemente de la diversidad, siempre
que haya unidad en lo esencial. Por otra parte, no existe nada como ALBA
en el mercado y, aunque me encantaría que sirviera para aunar el esfuerzo
católico, también me alegraría ver cómo nos salen competidores.
P.: El próximo
20 de febrero, los españoles tenemos una importante cita en las urnas. El
semanario ALBA, ¿fomentará el debate sensato y plural entre las diversas
opciones de voto, ya manifestadas por católicos españoles, ante la
propuesta de tratado para una constitución europea?
R.: Sí
P.: El anuncio
de diversas iniciativas legislativas, impulsadas por el ejecutivo
socialista, contrarias a la cultura de la vida y de la familia, ha
provocado la respuesta de determinados grupos católicos, proponiendo
algunas interesantes acciones cívicas, aunque, tal vez, escasamente
coordinadas entre sí. El semanario ALBA, en este contexto, ¿informará de
todas ellas o privilegiará las que considere más adecuadas al momento
actual?
R.: El papel
es limitado, y privilegiar unas informaciones sobre otras, sencillamente,
no es una opción. Sopesaremos la importancia relativa de cada evento y,
sin duda, nos equivocaremos muchas veces. Ese es nuestro riesgo y nuestra
responsabilidad.
P.: Muchos
católicos, en número creciente, se sienten decepcionado por las políticas
concretas de otros grandes partidos en contra de sus valores (nos
referimos, particularmente, al PP y CiU). Por ello, algunos se han
decantado por nuevas formaciones políticas que, hasta ahora, no han calado
en la sociedad española. Es el caso de Familia y Vida,
anteriormente, y tal vez de Alternativa Española, que inicia ahora
su andadura. ¿Considera, su aparición, un toque de atención a esos grandes
partidos, que ya no podrán seguir dando por amarrada a su porción
electoral católica? Su semanario, ¿reservará un espacio a las polémicas
que pueda generar esta fractura del electorado católico?
R.: La
opinión católica no puede estar “secuestrada” por algo tan coyuntural,
voluble, posibilista y efímero como es un partido político. En ese
sentido, ALBA celebra la aparición de nuevas opciones y, naturalmente, se
sumará cuando considere conveniente a las polémicas políticas en torno a
esta cuestión.
P.: En algunos
medios eclesiales se considera que el pueblo católico es un “gigante
dormido”; así, en determinadas circunstancias, podría avivarse su
conciencia colectiva y revitalizarse la fe de sus integrantes. Nosotros
consideramos, no obstante, que el cambio de mentalidades y valores
experimentados en España no es superficial, sino que ha provocado una
transformación antropológica revolucionaria de difícil retorno. Un error
de diagnóstico puede resultar nefasto en muchos sentidos. En su semanario,
¿comparten este juicio?
R.: In dubiis,
libertas. Es una cuestión abierta, y ALBA
no tiene una opinión editorial rígida en este sentido. Yo, personalmente,
no creo en el ‘gigante dormido’. Pienso que somos una minoría, pero una
minoría muy importante cuantitativamente y, hasta ahora, desarticulada y
sin voz en la plaza pública. Uno puede estar seguro de la victoria final,
pero el triunfalismo es fatal a corto y medio plazo. Parte del problema de
la Iglesia española -y sigo desarrollando una opinión personal- ha sido la
inercia que ha llevado a muchos de sus responsables a pasar por alto esa
transformación antropológica de la que habla. Por otra parte, el
pensamiento dominante lleva a un callejón sin salida que le hace
naturalmente inepto para la supervivencia.
Suerte y muchas gracias.
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