4. La primera palabra
Mikel Agirregabiria Agirre
¿Cuál fue la primera palabra humana o la primera
que cada uno de nosotros pronunció?
Existen sugestivas preguntas, manantiales
de los que brotan ideas y sentimientos que merecen ser compartidos. Muchas
surgen del extraño origen del lenguaje. ¿Por qué comenzó el habla?
¿Alguien quiso decir algo a otro? ¿Sólo fue un pensamiento dicho en alto?
Destaca la cuestión de
cuál fue la primera palabra pronunciada por un ser humano, sugerida por
una poesía de Rainer María Rilke
referida a Dios: “Tu primera palabra fue: LUZ; / entonces apareció el
Tiempo. / Después callaste por mucho tiempo. / Tu segunda palabra fue:
HOMBRE / y tiemblo (nos oscurecemos aún con su sonido) / y seguido
recuerdo tu faz. / Pero no quiero oír tu tercera”...
Sobre la primera palabra humana hay
algunas hipótesis derivadas de la teoría de Darwin sobre la evolución. La
filogénesis de la especie humana incluye un lento proceso en el que los
órganos que producen y, sobre todo, los que identifican los sonidos
(laringe, lengua, cerebro,…) van formándose hasta el amanecer de la
humanidad con el descubrimiento supremo de designar por su nombre a las
cosas más elementales. En opinión de ilustres etno-lingüistas, como A.S.
Diamond, la historia de todas las lenguas navega a través de una secuencia
en la que las oraciones comienzan siendo simples y primitivas para acabar
intrincándose en sintaxis y en semántica.
Según esa tendencia
históricamente verificable, se supone que en su umbral primigenio la mayor
parte del peso comunicativo recaía en el verbo, introduciéndose
gradualmente substantivos, adjetivos y adverbios hasta alcanzar la
densidad contextual de una frase actual. Si esta teoría es correcta y si
dejamos volar un poco la imaginación, podemos pensar que la primera
palabra fue un verbo en su más inmediato y urgente uso, es decir, en
imperativo. Algo parecido a VEN, DAME, VETE,… Así pues tampoco es de
extrañar que la primera frase dicha a través de un teléfono por Graham
Bell fuera: “Por favor, venga, señor Watson. Le necesito”.
Más recientemente, en 2003, conocimos el
caso dramático de Terry Wallis, un estadounidense que recuperó el habla
tras un accidente de tráfico que le produjo tetraplejia y un grave el daño
cerebral. Sus primeras palabras articuladas al despertar de un coma
prolongado 19 años fueron en este orden y en días sucesivos: MAMÁ, 'PEPSI'
y PAPÁ. Preferimos suponer que no había intereses comerciales en la
noticia.
En las últimas décadas los bebés suelen
ser adiestrados para iniciar el habla balbuceando MAMÁ o PAPÁ (AMA o AITA),
TATA (hermana), AMAMA (ABUELA),… Quizá la más frecuente sea MAMÁ como
primera palabra que todos nosotros aprendimos. Por eso esta apelación
materna es la primera que nos surge del alma cuando nos lamentamos o
cuando necesitamos ayuda. Llamar a mamá es un talismán que conjura lo
mismo los temores infantiles que las incertidumbres adolescentes e,
incluso, las inquietudes adultas y las zozobras postreras.
Muchos creemos que la primera palabra
humana fue el sollozo y el llanto, expresiones tan manifiestas como las
palabras; otros, que fue NO o YO, a cuál peor para la historia de la
humanidad. También pudieron ser palabras iniciales CIELO, LUNA, SOL, AGUA,
HOLA o PÁJARO. Quizá mereció ser GRACIAS o NOSOTROS. Menos probablemente
fuera DIOS, aunque ésta sea más frecuentemente una posible última palabra.
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