2. Poesía mística
La poesía es el contacto con la trascendencia, es
el hallazgo de la pureza original. Por eso me ha llenado de contento esta
noticia de que el Seminario diocesano de Logroño haya tenido a bien, para
conmemorar su septuagésimo quinto aniversario, acudir a los místicos
poetas...
En el fondo, toda poesía es mística; vale
también decir que toda mística es poesía. No digo que toda mística es
poética, que también lo es, sino realmente poesía.
Toda mística es el traslado casi siempre
involuntario a un estado de éxtasis en el cual se encuentra lo que no
puede encontrarse en un estado real, en un estado que no trasciende las
fronteras. Y toda poesía, igual. La poesía es el contacto con la
trascendencia, es el hallazgo de la pureza original, es el desarraigo de
la materialidad campante, es el ver más, sentir más y mejor, olfatear,
percibir aquello que no puede percibirse si no nos encontramos en proceso
de embrujo, en estado de arrobamiento. Y la mística, tres cuartos.
Poesía y mística se dan la mano,
transitan idéntico camino, se dirigen hacia el mismo objetivo. Es aquello
de “vivo sin vivir en mi, y tan alta vida espero, que muero porque no
muero”. La poesía no es la palabra sino el alma purificada de la palabra,
no es la metáfora sino el espíritu con el que la metáfora se reviste. Lo
mismo que la mística.
Por eso me ha llenado de contento esta
noticia de que el Seminario diocesano de Logroño haya tenido a bien, para
conmemorar su septuagésimo quinto aniversario, acudir a los místicos
poetas no para salirnos de esta realidad sino para adentrarnos en esa otra
de la mano de Teresa de Jesús, de Juan de la Cruz, de Ana de Bartolomé,
poetas al más trascendente nivel, místicos al más encumbrado misticismo.
Recital. Y con fondo musical poético porque también la mística es música y
también lo es la poesía.
Volveremos a escuchar al amor y al Amor
en su esencia, en su desnudez, en su pureza original, al amor y al Amor
como objetivo, como fin, como perennidad. Volveremos a adentrarnos en esos
recovecos que esconden las intimidades más deslumbrantemente amorosas.
Volveremos a percibir ese mundo que parece, a estas alturas de tan
atribulado mundo nuestro, que ya no existiera. Volveremos a olvidarnos de
la caducidad para retomar la perennidad. Volveremos a ser inocentes en un
entorno en el que pareciera haber desaparecido todo lo que suene a
inocencia. Volveremos a ser un poquito, o un mucho, más desnudamente
puros, más cerca de lo que perdura que de lo que fenece. Volveremos a
percatarnos que todavía Dios sigue estando entre los pucheros o que los
pucheros, de barro y todo, pueden ser el espejo de Dios.
Por todo esto y por mucho más el
Seminario Diocesano de Logroño, aunque sea solamente por unos días, ha
retornado a la verdad.
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