5. Diez mitos sobre la violencia doméstica
La violencia existe y hay que acabar con ella, pero
no basta con culpabilizar machaconamente a la familia y al hogar de todos
los males sociales… es imprescindible buscar las causas reales del
problema.
El tema de la violencia despierta cada
vez más el interés de la opinión pública, ya que los casos de abusos y
maltrato van en aumento en todos los ámbitos de la sociedad. Sin embargo,
los medios de comunicación se han obstinado en etiquetarla como “violencia
intrafamiliar” o “doméstica”, dando a entender que el hogar es el foco
privilegiado en el cual la violencia se concentra.
Para justificar esta situación, han
manipulado los datos de tal manera que ya no nos sorprende que en un
estudio de “violencia intrafamiliar” se incluya la violencia entre parejas
de hecho, amantes, novios, ex novios, conocidos, compañeros de trabajo y
todo tipo de relaciones hombre y mujer, incluida la “relación” entre un
hombre y una prostituta. ¿Es esto familia? Claro que no.
La violencia existe y hay que acabar con
ella, pero no basta con culpabilizar machaconamente a la familia y al
hogar de todos los males sociales… es imprescindible buscar las causas
reales del problema para poder afrontarlo y acabar con él eficazmente. Por
este motivo, nos proponemos derribar los 10 mitos de la violencia
doméstica:
1. Las relaciones entre hombre y mujer
son violentas por naturaleza
Falso. El
hombre y la mujer se complementan naturalmente y por ello tienden a
unirse, no a destruirse. La persona violenta (en cualquiera de sus
ámbitos) no nace así, si no que se hace.
2. La familia es un lugar inseguro para
vivir
Falso. Nos
quieren hacer creer que la violencia ha convertido a la familia en una
especie de “campo de batalla”, esto no es verdad. La familia como
institución no es un ámbito de violencia, sino de afecto, el único y
más seguro para que el ser humano se desarrolle en plenitud. Los casos
de violencia son siempre una anomalía, una enfermedad de algo que en sí es
bueno y necesario para todos.
3. La sociedad se divide en: violentos y
violentadas
Falso. Ni los
hombres ni las mujeres son necesariamente violentos, sin embargo, los dos
pueden llegar a serlo. Interpretar la sociedad y las relaciones entre sus
miembros en clave de enfrentamiento, no es más que un ridículo intento de
crear un ambiente de guerra, inseguridad y desconfianza entre ambos sexos.
Igualmente artificial es la idea: “él siempre es culpable y ella siempre
inocente”, ya que en la mayoría de los casos de violencia no existe un
culpable absoluto. Una gran parte de los problemas de pareja se pueden
solucionar entre los dos antes de llegar a un desenlace nefasto.
4. La mejor forma de acabar con la
violencia doméstica es el empoderamiento de las mujeres para someter a los
hombres
Falso. La vida
familiar no es una constante lucha por el poder ni por someter al otro, si
no que un ambiente de respeto y cooperación. Para acabar con la
violencia que está contaminando algunas familias es necesario que se
eduque a las personas en estos aspectos y de ninguna manera
incentivarles a ver al otro como antagonista o como alguien inferior.
5. El agresor siempre es un hombre.
Falso. Como ya
dijimos, el agresor puede ser cualquiera. Como los hombres y mujeres somos
diferentes, tenemos diferentes formas de manifestar la violencia. El
agresor, al ser más directo y tener (la mayoría de las veces) más fuerza
física, suele manifestarlo con golpes o gritos; la agresora, al ser (la
mayoría de las veces) más incisiva y sutil, suele manifestar su ira con el
maltrato psicológico y moral.
6. Mi pareja es celoso/inseguro/machista:
Es un agresor inminente
Falso. Los
seres humanos no estamos predeterminados a hacer tal o cual cosa,
por lo tanto no es justo hacer un juicio sobre alguien sólo porque sufre
de celos o porque no le gusta que le lleven la contra. Sin embargo, una
cosa es segura: si no estás convencida que tu pareja no te quiere
perjudicar o si no lo conoces lo suficiente: espera, no te comprometas con
él/ella todavía. El conocimiento de la pareja es la mejor arma para
combatir la violencia en el hogar.
7. Los medios de comunicación son una
gran ayuda para poner en evidencia la violencia
Falso. Cada vez
se escucha más en estos medios términos tales como “terrorismo doméstico”
o “enemigo en casa” que, lejos de concientizar a la sociedad, causan
una paranoia en la que se trata de buscar el mal incluso donde no lo hay.
Hay que diferenciar entre la información al servicio de la ciudadanía y la
que está al servicio de lo burdo, lo bajo y lo chabacano. La violencia es
preocupante y debe penalizarse, claro está, pero el papel de los medios
de comunicación debe ser el de ayudar y fomentar la paz, no el de
crear más discordia.
8. La dependencia afectiva siempre es
negativa
Falso.
Últimamente muchos medios se han empeñado en mostrar la dependencia
afectiva como el mayor enemigo de la autonomía y, por lo tanto, se ensañan
en eliminarla. Sin embargo, negar todo tipo de dependencia afectiva es
proponer una vida sin que nadie nos importe, es decir, sin relaciones
interpersonales profundas. Toda relación sincera encierra cierta
dependencia ya que el amor siempre nos hace vulnerables hasta cierto punto
y no por esto estamos necesariamente enfermos ni somos menos autónomos.
Así, el momento en que la dependencia afectiva comienza a ser dañina ya no
es un afecto, es una obsesión.
9. Los problemas del alcohol y la droga
no son un factor decisivo en la violencia doméstica
Falso. Frente a
un problema tan grande como la violencia es necesario buscar las causas
reales y así poder combatirlas. Las cifras comprueban que la mayoría
de los casos de violencia son causados o impulsados por exceso de alcohol
o drogas. Un estudio hecho en el 2003 por el Centro Reina Sofía afirma que
en el 73% de los casos de violencia doméstica en España está presente
el alcohol.
10. La solución al problema de la
violencia es la creación de juzgados exclusivos para mujeres violentadas,
brazaletes para controlar al agresor y exigir un impuesto a los hombres
por el sólo hecho de serlo.
Falso. Resulta
absurdo querer terminar con la violencia con estas medidas, que no hacen
más que fomentar la discriminación y la relación antagónica de hombres y
mujeres, al mismo tiempo que violan la privacidad y la autonomía de las
familias. Las verdaderas soluciones se resumen en tres:
i. Castigar a los criminales
ii. Combatir las
causas reales del problema (aumento general de la violencia, la falta
de valoración y respeto del hombre y de la mujer, la pobreza, la
deficiente educación, propaganda perjudicial, etc.)
iii. Ayudar a la
familia para que sea lo que tiene que ser: ámbito de paz, no de
violencia.
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