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5. ¿Dónde vivir?

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

Doce católicos que se confiesan practicantes han enviado una carta en donde se quejan de que el cardenal Carles vive en un palacete. No sé si el Papa tomará cartas en el asunto...

No me refiero, por supuesto, a esos miles de millones de ciudadanos del mundo que no tienen donde vivir, o que carecen de una vivienda elemental, o que no ganan lo suficiente para adquirir una vivienda propia. Tampoco me refiero, ni denigro, de quienes vivimos más o menos, con el esfuerzo de muchos años de trabajo y con todos los sacrificios que ello implica. Ni me refiero siquiera a quienes viven lujosamente, en mansiones, en geografías de lujo, inclusive en despilfarro. Cada quien hace de su vivienda, si puede, su forma de vida. Eso sí, siempre que haya sido adquirida en buena lid, que de todo hay.

Me refiero a una carta sobre la vivienda del cardenal Ricard María Carles, la cual ha sido enviada al Papa, a los presidentes de las conferencias europeas, a los cardenales, a los presidentes de las congregaciones de la Santa Sede, a los arzobispos españoles y a todos los obispos catalanes por doce católicos que se confiesan practicantes. En dicha carta se quejan de que el cardenal Carles vive donde vive. ¿Y dónde vive? ¿En algún lugar poco digno? ¿En alguna chavola de suburbio, como lo hicieron en su tiempo algunos obispos latinoamericanos más inclinados a los postulados de la teología de la liberación que a otras teologías?. Pues no, según la carta, vive en un palacete.

Textualmente: “El cardenal se ha retirado a un lujoso palacete de estilo modernista, de gran valor arquitectónico, situado en el selecto barrio residencial de Sarriá; pensamos que él no se da cuenta del hecho de que vivir en esta mansión es y será motivo de escándalo para los creyentes y no creyentes; es evidente que un cardenal arzobispo emérito ha de vivir en un lugar digno, pero ha de evitar cualquier controversia que será usada para avivar la campaña anticlerical latente”.

Me llama poderosamente la atención este último párrafo. Y me llama la atención que dicha misiva haya sido enviada a tantas personalidades eclesiásticas, comenzando por el Papa. ¿Será para que, al menos en este aspecto, no se imite al señor cardenal? ¿Será para que el resto de los prelados, que tanto predican lo del ejemplo, comiencen a practicar lo de la vivienda? ¿Será para que enfoquemos este tema de la conflictividad de Iglesia-Estado desde el ángulo de la conflictividad interna? ¿Por qué será?

Piden estos firmantes a Juan Pablo II que “haga entender al antiguo arzobispo de Barcelona que por el bien de la Iglesia ha de ir a vivir a un lugar más modesto”. No sé si el Papa tomará cartas en el asunto. Al fin y al cabo es más importante movilizar a los católicos para protestar por otras cosas que esta tonta ocurrencia de que el cardenal deje el palacete.

 
 

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