6. La muerte de
Arafat
¿Por qué ocultar una muerte que ya no tiene remedio?
Lo que hicieran en la vida, hecho queda, y quien tenga que juzgar, que los
juzgue post mortem, pero que no les roben un momento más de sepultura.
Viene siendo esta muerte como todas las muertes de esos
pintorescos personajes para quienes unos quieren la eternidad terrena y
para quienes otros desean que desaparezcan de la faz de la tierra y de la
faz de la eternidad. No sabemos, a estas alturas, y luego de anunciadas
defunciones, si el líder palestino está metafóricamente en manos de Alá o
está realmente, y para toda la eternidad, en el cielo correspondiente a su
creencia. Sospecho que estos hombres mueren como morimos todos, cuando nos
llega la hora, pero hay muchos que se empeñan en que no, en que hay que
alargar el tiempo de la agonía para arreglar ciertas cosas: cosas todas
ellas relacionadas con el poder, con la sucesión del poder, con la
religión, con la sucesión del jefe religioso, con la economía, con la
sucesión del magnate, en fin, con todas esas cosas que resultan tan
imprescindibles para las sucesiones. Suele ocurrir esto con los líderes;
suele ocurrir, inclusive, hasta con los papas. Para muchos, el hermetismo
ronda la muerte, y eso da que sospechar.
Ahora bien, ¿Por qué ocultar una muerte que ya no tiene
remedio? ¿Será para intentar ocultar algunas cosas que han rondado durante
la vida? ¿Por qué, ahora que tanto discutimos sobre eutanasia y esas
cosas, no respetamos los últimos suspiros de estas personas? Lo que
hicieran en la vida, hecho queda, y quien tenga que juzgar, que los juzgue
post mortem, pero que no les roben un momento más de sepultura. Si hay que
predicar la dignidad por la vida no menos importante es predicar la
dignidad por la muerte
Los musulmanes, dicen, tampoco aceptan la eutanasia y
yo, la verdad, es que no me aclaro en eso de la doctrina de la eutanasia,
porque todavía nadie me ha aclarado como hay que aclararlo cuándo, de
verdad, el muerto ya no vive.
Dicen que el líder palestino está en “manos de Dios”,
de Alá más concretamente, y eso siempre es una suerte. Independientemente
de los pros y los contras de este individuo, pros y contras de los que
ningún mortal podemos escamotear, pienso que tiene derecho a que se
respete su muerte: quienes lo adoran y quienes lo malversan. Habrá de todo
en estos funerales; los gritos de las plañideras y los gritos de las
aleluyas. Pero lo que es cierto es que no solamente nos hemos acostumbrado
a manipular la vida de los vivos sino también la muerte de los muertos. Y
esto suena un poco doloroso.
La vida de Arafat, sus grandezas y miserias, volverán a
ser el punto de mira de quienes alaban y de quienes maldicen. Ha pasado
por la vida dejando huella. Ahora, dicen, se encuentra en las manos de
Alá. Pues que descanse en paz en su cielo. Si es que lo dejan.
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