7. La tortilla
Ese pulso planificado que se le quiere echar al
gobierno de turno no ha sido producto de las bases; eso ha sido
políticamente orquestado inclusive contra una buena mayoría de feligreses.
Me temo que al cardenal Rouco Varela se le está
volteando la tortilla. Me temo, igualmente, que ha confundido la
estrategia. Y es que cuando uno se mete en terrenos que no son de su
incumbencia, me refiero a los terrenos políticos, creyendo estar apoyados
por políticos o partidos políticos que se han salido de su competencia
política para inmiscuirse políticamente en asuntos religiosos, el asunto
no funciona. Rouco Varela, además, no ha sabido rodearse de asesores. Esa
cara de hombre malo que pone no concuerda con su investidura. Un cardenal
como Rouco Varela que ha querido durante años hacer tanto “bien” religioso
a los políticos de su afinidad ha tropezado ahora en su misma piedra.
La Conferencia Episcopal Española por él comandada, a
pesar de su enfermedad, se ha encontrado con el traspiés de varios de sus
propios integrantes, quiero decir, obispos, amén de teólogos de no poca
monta, amén de sacerdotes de no pocos barrios, amén de feligreses de a pie
que se ofenden en su fe cuando Rouco Varela les dice que no son auténticos
creyentes.
Nadie sensatamente cree en España que ese pulso
planificado que se le quiere echar al gobierno de turno haya sido producto
de las bases, de los feligreses; eso ha sido políticamente orquestado
inclusive contra una buena mayoría de feligreses. Y ahora buena parte de
la jerarquía comandada por Rouco Varela no sabe ni puede dar marcha atrás.
Si da marcha atrás, ¿qué respuesta tiene para todos esos feligreses, que
con toda seguridad no van a ser mayoría, si no al tiempo, que ha intentado
movilizar? Pero lo que es peor ¿qué respuesta tiene para todos esos
feligreses, católicos convencidos, sacerdotes convencidos, obispos
convencidos, que no apuesta por este enfrentamiento que la Conferencia
Episcopal Española está interesada en patrocinar?.
Ya no importan tanto los temas en discusión, todos
ellos discutibles en una sociedad pluralista; lo que ahora parece importar
es el enfrentamiento, en ver quién gana el pulso. Vamos a ver si la
Iglesia Española tiene tanto poder como cree tener, me refiero a tanto
poder de convocatoria en estos temas en la que la mayoría de los católicos
españoles, al tenor de las encuestas, no creen. Y si no es así, el
resbalón va a ser catastrófico para la Jerarquía. No digo para la Iglesia,
no, sino para la jerarquía. Y pienso que es cierto lo que el señor
cardenal predicó en La Almudena días recientes: “vivimos momentos
difíciles de una crisis cultural, humana y espiritual” que, aunque él se
la achaca a los otros es muy bien achacable también a la Jerarquía. No me
gusta este asunto.
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