2. El Código DaVinci
(5)
Walter Turnbull
Trampas hasta en las trampas
En El
Código Da Vinci hay material de
muchos tipos: new age, ocultismo, historias secretas, neopaganismo,
astrología, religiones orientales e indios americanos… pero la parte
principal la llevan el gnosticismo, el feminismo radical y el relajamiento
moral. Digamos que pone el gnosticismo y una actitud pseudo indagatoria al
servicio del feminismo y del libertinaje.
Cuando presenta su teoría sobre la adoración del
sagrado femenino y los ritos de la fertilidad en el cristianismo
primitivo, emplea interpretaciones personales (propias o ajenas) y varios
documentos representantes de estas doctrinas, pero incurre en una serie de
trampas y traiciones contra el lector y contra las mismas doctrinas que
supuestamente defiende. Veamos algunas.
Traición a María Magdalena.
María Magdalena es tratada injustamente por el autor.
Asegura Brown que la
Iglesia Católica de manera maquiavélica preservó solamente los documentos
(en plural) en los que se le trataba como prostituta.
Es común que se
confunda a Maria
Magdalena con Maria
la pecadora a la que perdonó Jesús en Lucas 7, 36-50 y con
Maria la hermana de Martha.
Sin embargo, la Iglesia nunca ha dicho que estas mujeres sean la misma.
Magdalena, apóstol de los apóstoles es introducida en el Evangelio sólo
por San Lucas hasta el capítulo 8, 1-4 como una mujer de la que Jesús
había arrojado
siete demonios.
Así, pues, los “malvados” documentos de que habla Brown, son solamente
uno, un pasaje del Evangelio de San lucas; y en ese pasaje nunca se dice
que fuera una prostituta, habla de enfermedad y de posesión diabólica, a
menos, claro, que nuestro letrado autor dé por sentado que la mujer
arrepentida del Capitulo 7, 36-50 sea
Maria
Magdalena. En ese caso, el que estaría diciendo que
María Magdalena era prostituta sería Dan Brown, y no la Iglesia. Y como
siempre, cabe una pregunta: Si la Iglesia odia tanto a María Magdalena,
¿Por qué no borró el texto en el que ella es la primera en encontrarse con
Jesús resucitado, convirtiéndose en el apóstol de los apóstoles?
Engaño al feminismo y traición a los gnósticos.
Dan Brown recurre a dos “evangelios”
apócrifos de doctrina gnóstica, el de Felipe y el de María, para probar la
relación de Jesús con María Magdalena como compañeros amorosos. Lo que no
dice es que en otro famoso texto gnóstico, el “Evangelio de
Tomás”, Pedro asegura lo siguiente:
“Las mujeres no merecen vivir”, a lo que Jesús supuestamente contesta: “Yo
personalmente la voy a guiar para hacer de ella un espíritu viviente que
se parezca a ustedes, varones. Porque cada mujer que se haga a sí misma
varón entrará en el reino de los cielos”.
Si Brown desentierra el gnosticismo antiguo como la
verdadera doctrina del auténtico cristianismo y acepta los evangelios de
Felipe y María como ciertos, tendría que aceptar también este otro que
pertenece al mismo grupo de libros; pero prefiere no mencionarlo, dado que
el gnosticismo antiguo en realidad era machista, elitista, y despreciaba
el cuerpo y todo lo material, y evidentemente contradice la teoría de que
la femineidad sexual de Magdalena debía ser adorada como la de una diosa.
Las feministas que creen equivocadamente haber
encontrado una fuente histórica para justificar su lucha, han sido
cruelmente engañadas, y los gnósticos que plasmaron en su doctrina ciertas
ideas sobre la sexualidad, han sido traicionados.
Traición contra los ritos de la fertilidad
Dan Brown, en su novela, habla de “ritos de fertilidad”
(es decir uniones sexuales) que practicaban, según él, los judíos en el
templo de Salomón, los cristianos primitivos, los masones y más
recientemente los miembros del “priorato de Sion” (una agrupación
esotérica encargada de conservar los antiguos secretos del cristianismo
original, y a la cual pertenecen los protagonistas de la novela). Dichos
ritos estarían inspirados en el culto a Isis, la diosa egipcia de la
fertilidad.
Lo curioso es que los “ritos” que practican los
protagonistas, no tienen nada que ver con la fertilidad, sino que es
solamente una exaltación de la sexualidad. La fertilidad implica
procreación, pero los protagonistas lo que buscan es sexo sin concepción.
Justo lo contrario de lo que predica el cristianismo desde sus orígenes, y
muy diferente de lo que sería un verdadero culto a lo femenino por su
fertilidad.
En fin, Dan Brown, para sostener sus teorías, toma de
los gnósticos y de las religiones antiguas los pedazos que le convienen y
desecha los que lo contradicen, exactamente como él dice que hizo la
Iglesia con los “Evangelios” originales.
|